Desde hace años la industria del cannabis discute una pregunta que suena abstracta hasta que el dolor es propio: ¿sirve más la planta entera o una sola molécula extraída de ella? El marketing tiene la respuesta lista desde hace tiempo. La ciencia, casi ninguna. Un equipo brasileño acaba de enfrentar los dos enfoques por primera vez de forma directa: mismo laboratorio, mismos animales, misma semana.
El trabajo salió de la Universidad de São Paulo, campus de Ribeirão Preto, y se publicó el 3 de septiembre de 2026 en la revista Psychopharmacology. Es de acceso abierto y puede consultarse en https://doi.org/10.1007/s00213-026-07156-y. Compararon el cannabigerol (CBG) como compuesto aislado y purificado frente a un extracto de cannabis de espectro completo estandarizado, con CBD, una traza de THC y una fracción pequeña de terpenos. A ambos los pusieron a prueba en ratas con dos tipos de dolor inflamatorio: el repentino y el que se instala durante semanas.
Lo esencial en pocas líneas
Los dos preparados redujeron el dolor, pero con calendarios completamente distintos. En la prueba aguda, solo el extracto de espectro completo logró sostener el efecto más allá de los primeros quince minutos. En el modelo crónico, una dosis única no sirvió de nada: los efectos aparecieron recién tras diez o quince días de tratamiento diario, y únicamente con la dosis más alta ensayada. El extracto actuó antes, desde el día diez; el CBG tardó más, pero fue más completo y devolvió a los animales su sensibilidad normal a partir del día quince. Ambos bajaron el TNF-α, una molécula clave de la inflamación, en la médula espinal y en la sangre, pero no lo movieron en los ganglios nerviosos pegados a la columna, con ninguna dosis. Ningún animal quedó sedado. Y todo esto proviene de ratas macho, con unos cinco o seis animales por grupo. Hasta ahí llega hoy la evidencia.
Dos apuestas distintas sobre cómo debería funcionar el cannabis
Al CBG se lo llama «cannabinoide madre» porque la planta construye a partir de él tanto el CBD como el THC. No produce efecto psicoactivo, aparece en cantidades mínimas en casi todas las variedades y está mucho menos estudiado que sus descendientes famosos. El argumento comercial a su favor es la pureza: una molécula conocida, una dosis conocida, sin sorpresas.
El extracto de espectro completo representa la apuesta contraria. El usado aquí era un preparado de calidad farmacéutica derivado de la planta entera, obtenido por extracción con CO₂ supercrítico a partir de una variedad dominante en CBD y estandarizado en 9,6 % de cannabidiol, 0,2 % de THC y 3,8 % de aceites esenciales, es decir, terpenos. Detrás está la idea del «efecto séquito»: que cannabinoides y terpenos juntos rinden más que cada uno por separado. Sigue siendo una hipótesis y no un mecanismo demostrado, y es una afirmación que aparece bastante más segura en las etiquetas de producto que en las revistas científicas. Hasta qué punto ese terreno es inestable lo mostró hace poco el primer metaanálisis sobre la interacción entre CBD y THC, cuyos resultados fueron casi en dirección contraria al relato popular.
En total participaron 48 ratas macho de la cepa Wistar Hannover. Las dosis de 1, 3 y 10 mg por kilo se inyectaron en la cavidad abdominal, una vía que evita por completo la digestión y que no se parece a ninguna forma en que la gente consume estos productos.
La primera hora: sesenta minutos que separaron a los dos preparados
El primer experimento usó la prueba de formalina, un modelo clásico en investigación del dolor. Se inyecta una pequeña cantidad de irritante en la pata y la respuesta se despliega en dos olas nítidas. La fase I, los primeros quince minutos, es activación nerviosa pura: las fibras del dolor disparan directamente. La fase II, del minuto quince al sesenta, la conduce la inflamación, con mediadores que arrastran al sistema inmunitario dentro del proceso.
En la fase I funcionó todo. El CBG a 3 mg/kg redujo la conducta de dolor un 87,1 %. El extracto llegó al 93,3 % con 3 mg/kg y al 99,2 % con 10 mg/kg. Sobre la señal nerviosa cruda, los tres tratamientos actuaron casi como una compuerta.
En la fase II los caminos se separaron. El efecto del CBG desapareció. Solo aguantó el extracto de espectro completo, y precisamente en la dosis menor, 3 mg/kg, con una reducción del 90,2 % justo cuando mandaba la inflamación. La dosis de 10 mg/kg no lo consiguió. Esa relación dosis-respuesta invertida es un patrón recurrente con los cannabinoides, donde más a veces significa menos, y una de las razones por las que en este campo todavía no existen pautas de dosificación sólidas.
Tres semanas de administración diaria, y diez días en los que no pasó nada
El segundo experimento importa más para quien piensa en dolor prolongado. Los investigadores emplearon el adyuvante completo de Freund, una inyección que provoca en una sola pata un dolor inflamatorio real y persistente durante semanas.
El primer resultado fue un fracaso rotundo. A las veinticuatro horas de la inyección, ninguna de las dos sustancias marcó diferencia medible en ninguna dosis. Los animales seguían tan sensibles como los no tratados.
Así que continuaron administrándolas a diario durante veintiún días, y el cuadro empezó a cambiar, despacio. El extracto a 10 mg/kg mejoró de forma significativa los umbrales de dolor desde el día diez. El CBG a la misma dosis tardó más, pero desde el día quince devolvió la sensibilidad original: la pata respondía a la presión igual que antes de la lesión. Las dosis bajas, de 1 y 3 mg/kg, no dieron nada en ningún momento.
Conviene releer esa secuencia, porque contradice buena parte de lo que espera quien compra estos productos. No hubo alivio inmediato. Las sustancias se comportaron menos como un analgésico y más como un tratamiento que necesita acumularse, en un sistema que tenía que cambiar antes de que ocurriera algo.
Lo que dijo la sangre y lo que callaron los nervios
Para entender por qué, midieron dos moléculas de señalización inmunitaria: el TNF-α, que impulsa la inflamación y vuelve más sensibles a las neuronas del dolor, y la IL-10, que apaga la inflamación. Las midieron en tres lugares: la sangre, la médula espinal y los ganglios raquídeos, esos racimos de cuerpos de neuronas sensitivas ubicados justo fuera de la columna.
La inflamación elevó el TNF-α en los tres. Ambos tratamientos lo devolvieron a valores normales en sangre y médula espinal. En los ganglios no lo logró ninguno, con ninguna dosis, ni siquiera después de tres semanas.
Los autores lo explican así: a las tres semanas la inflamación en esos ganglios ya se consolidó, sostenida por cambios estables en la forma en que las células leen su propio ADN. Un estado, entonces, que dejó de responder a las mismas señales. En la médula espinal, en cambio, el TNF-α proviene sobre todo de células gliales, a las que los cannabinoides sí alcanzan. Sea cual sea la explicación, queda una incongruencia que vale la pena no maquillar: a los animales les fue mejor en una zona donde la inflamación no se movió.
La IL-10 no cambió en ningún sitio. El alivio, por tanto, no vino de reforzar el lado antiinflamatorio del organismo.
Sin sedación y sin frenar al animal
Hay una objeción práctica a la analgesia por cannabinoides: que el animal simplemente se mueva menos y por eso parezca menos adolorido. El equipo lo comprobó y midió a las tres semanas los desplazamientos espontáneos y las veces que las ratas se paraban en dos patas. La inflamación había reducido ambos. Los dos compuestos evitaron esa caída, con la única excepción de la dosis más baja de CBG. La actividad subió en lugar de bajar, lo que apunta a recuperación funcional y no a sedación. Un detalle importante: nunca superó el nivel de los animales sanos de control, de modo que ninguna de las sustancias actuó como estimulante.
Por qué esto importa especialmente en la región
Vale la pena señalar de dónde sale el trabajo. Es investigación pública latinoamericana, financiada por la CAPES, la FAPESP y el CNPq brasileños, en un campo donde la mayor parte de la literatura llega de Norteamérica, Israel y Europa. Que un grupo de la Universidad de São Paulo haya hecho la primera comparación directa entre estos dos formatos dice algo sobre dónde se está produciendo hoy ciencia cannábica de referencia.
Ahora bien, la distancia entre ese hallazgo y cualquier producto de mostrador sigue siendo enorme, y el mapa regulatorio de la región lo deja claro. Ni el CBG ni el extracto ensayado están aprobados como medicamento para el dolor en ningún país hispanohablante. El cannabis medicinal se regula por vías muy distintas según la jurisdicción: el IRCCA en Uruguay, el REPROCANN y la ANMAT en Argentina, el INVIMA en Colombia, la COFEPRIS en México, el ISP en Chile y la AEMPS en España, donde los productos con CBD siguen sin autorización como alimento y se comercializan mayoritariamente para uso externo.
En todos esos marcos rige el mismo principio: un ensayo preclínico en roedores no habilita a presentar un producto como tratamiento del dolor, ni justifica que alguien modifique una terapia analgésica por su cuenta.
Lo que este estudio no puede decir
Todo ocurrió en ratas macho. Los autores escriben con claridad que no saben si los hallazgos se trasladan a las hembras, y es un vacío serio: en la investigación con cannabinoides las diferencias por sexo aparecen una y otra vez, como se vio hace poco en un trabajo donde el CBD funcionó bastante mejor en hembras dentro de un modelo de epilepsia. Los grupos eran de cinco o seis animales. La administración fue por inyección abdominal y no por vía oral. Y los miligramos por kilo de rata no se traducen a dosis humanas con una regla de tres.
También hay una cuestión de procedencia. El CBG lo suministró PurMed Global y el extracto, Clever Leaves Green Care; uno de los autores principales declara vínculos de consultoría con ambas empresas, además de otras relaciones farmacéuticas y patentes sobre cannabinoides. Está declarado en el artículo, como corresponde, y eso no invalida los datos. Pero forma parte de leerlos bien.
Por último, la composición del extracto pesa tanto como los cannabinoides en sí. Las conclusiones valen para ese preparado en esa proporción, no para los productos de espectro completo en general. La estandarización es justamente lo que suele faltar en el mercado: cuando se analizaron 186 aceites de CBD vendidos en Europa, en cerca de la mitad de los frascos el contenido no coincidía con la etiqueta.
La conclusión aprovechable
Lo que deja este trabajo no es un ganador, sino un dibujo. Dos preparados cannabinoides, probados uno al lado del otro, produjeron efectos complementarios en lugar de competir: uno con inicio más rápido, el otro con recuperación más completa, y ambos solo tras administración diaria sostenida. Ese dibujo resulta más interesante que una victoria limpia, porque sugiere que la elección entre aislado y extracto entero podría ser una cuestión de tiempos y no de superioridad.
Aun así, sigue siendo un estudio en roedores. Los autores piden investigación clínica: el paso siguiente correcto, y el que lleva demasiado tiempo faltando.
Preguntas frecuentes
No en un sentido simple. En este estudio, frente al dolor crónico el CBG tardó más que el extracto, pero después devolvió la sensibilidad normal de forma más completa. En la prueba aguda fue el más débil de los dos y perdió su efecto tras los primeros quince minutos. Qué se considera «más potente» depende por entero de la fase del dolor de la que se hable.
No. Es un estudio preclínico en ratas, con dosis inyectadas y un modelo de laboratorio. Justifica la necesidad de ensayos clínicos, pero no demuestra eficacia en pacientes. Ningún producto cannabinoide sustituye la atención médica ni un tratamiento analgésico indicado.
Es uno de los resultados más llamativos. Una dosis única no tuvo ningún efecto sobre el dolor crónico, y los investigadores tuvieron que extender el tratamiento diario a veintiún días antes de ver algo. Sugiere que estas sustancias desplazan poco a poco un estado inflamatorio en lugar de bloquear la señal de dolor a demanda.
Varía mucho y conviene no generalizar. El cannabis medicinal se regula por vías propias en cada país —IRCCA en Uruguay, REPROCANN y ANMAT en Argentina, INVIMA en Colombia, COFEPRIS en México, ISP en Chile, AEMPS en España— y el CBG rara vez aparece nombrado de forma explícita en esas normas, que suelen estar escritas alrededor del CBD y el THC. Además influyen el contenido de THC del producto terminado, si se comercializa como alimento, cosmético o medicamento, y el modo de obtención del extracto. Ante una duda concreta sobre un producto específico, lo sensato es revisar la normativa vigente del país y consultar con un profesional del derecho.
Aviso legal
Este artículo es una cobertura periodística de una investigación científica publicada y tiene una finalidad exclusivamente informativa. No constituye consejo médico, diagnóstico, recomendación de tratamiento ni asesoramiento legal. El trabajo descrito se realizó en animales de laboratorio y sus resultados no pueden trasladarse directamente al ser humano. El cannabis y los productos derivados de cannabinoides están regulados de manera distinta en cada jurisdicción y su estatus puede cambiar. Las personas con problemas de salud, incluido el dolor crónico, deben consultar a un profesional sanitario cualificado antes de tomar cualquier decisión sobre su tratamiento, y nunca deben suspender ni modificar una medicación indicada a partir de una noticia.