El hueso parece la parte más inmóvil del cuerpo y se comporta justo al revés. El esqueleto se demuele y se reconstruye durante toda la vida gracias a dos equipos que trabajan en turnos opuestos: los osteoclastos disuelven el hueso viejo y los osteoblastos colocan material nuevo. La osteoporosis es, en el fondo, lo que ocurre cuando el equipo de demolición trabaja más rápido que el de construcción. Ambos tipos de células llevan receptores cannabinoides en su superficie, y de ese hecho ha surgido toda una línea de investigación.
Qué se ha averiguado en ella lo resume una revisión reciente de Hayley Palmer y Diana E. Roopchand, de la Universidad Rutgers, publicada en Current Osteoporosis Reports: Phytocannabinoids and bone health. En resumen: mucho cultivo celular, muchos roedores y, en personas, un puñado de estudios pequeños que midieron marcadores en sangre, no huesos.
Claves del estudio
Los receptores cannabinoides participan de verdad en el metabolismo óseo; no es un argumento publicitario, sino algo demostrado desde hace dos décadas en ratones modificados genéticamente. En cultivo celular el cannabidiol tiende a frenar las células que destruyen hueso y a estimular las que lo forman, pero ese efecto se invierte a concentraciones bajas. En roedores con pérdida ósea provocada quirúrgicamente, el CBD unas veces recuperó la calidad del hueso y otras no hizo absolutamente nada, y lo decisivo no fue la dosis sino el momento en que empezó el tratamiento. En fracturas, el CBD mejoró la consolidación y el THC no; el CBC, un cannabinoide minoritario, alivió el dolor pero entorpeció la reparación del hueso. En personas hay dos estudios poblacionales con resultados opuestos, una serie de dos pacientes y un ensayo de siete días con 83 adultos sanos. Ninguno demostró que el hueso de una persona se vuelva más denso o más resistente.
Por qué el hueso responde a los cannabinoides
El sistema endocannabinoide está formado por moléculas señalizadoras que el propio cuerpo fabrica, sus receptores y las enzimas que las construyen y las descomponen. Dos de esas moléculas, la anandamida (AEA) y el 2-araquidonoilglicerol (2-AG), regulan directamente la homeostasis ósea.
Lo más contundente viene de ratones a los que se les ha eliminado un receptor concreto. Los animales sin CB1 alcanzaron una masa ósea máxima mayor y perdieron menos hueso, pero aun así desarrollaron osteoporosis con la edad; tras la extirpación de los ovarios —el modelo estándar de la pérdida ósea posmenopáusica— quedaron protegidos. La lectura es que CB1 activa a los osteoclastos, pero al mismo tiempo hace falta para que la médula ósea produzca osteoblastos. Con CB2 el panorama es más simple: los ratones de ambos sexos que carecían de él perdieron hueso trabecular y mostraron un recambio óseo desbocado.
Aquí empieza la diferencia entre compuestos. El THC es agonista parcial de CB1 y CB2. El CBD se une mucho más débilmente, actúa como modulador alostérico y además bloquea GPR55, un supuesto receptor cannabinoide que estimula la función de los osteoclastos. Un detalle relevante para quien dé por hecho que los resultados se trasladan de un sexo a otro: los ratones macho sin GPR55 tenían más osteoclastos inactivos y mayor volumen y grosor de hueso trabecular; las hembras, no.
Qué hace el CBD con las células óseas, y por qué la dosis lo invierte todo
En el laboratorio el cannabidiol se ve claramente favorable al hueso. Dirigió células madre mesenquimales de la médula hacia osteoblastos mediante la vía p38 MAPK dependiente de CB2, revirtió el apagado de marcadores osteogénicos provocado por toxinas bacterianas, aumentó la migración de células madre y elevó la viabilidad y la producción de osteocalcina en células madre esqueléticas humanas. En un modelo tumoral suprimió la formación de osteoclastos inducida por el tumor, un mecanismo emparentado con los que recoge la revisión sobre cannabinoides y muerte de células tumorales, y que conecta con la línea de trabajo sobre CBD y resistencia a la quimioterapia.
Y luego está el hallazgo que complica el cuadro. En osteoclastos humanos el efecto cambió de signo según la concentración: a concentraciones bajas (de 0,3 a 10 µM), tanto el THC como el CBD aumentaron la resorción ósea, y solo a concentraciones altas (10 y 30 µM) inhibieron la fusión de osteoclastos y la resorción. Una sustancia que a dosis baja hace lo contrario que a dosis alta no es una sustancia para la que se pueda recomendar una dosis con seriedad.
Los experimentos de osteoporosis: lo decisivo fue cuándo
Tres trabajos en roedores usaron el mismo modelo y llegaron a tres respuestas distintas.
En ratones C57BL/6J, el CBD por vía oral a 25 mg/kg al día, cinco días por semana durante 18 semanas, recuperó la densidad mineral perdida en el cuerpo entero y en el fémur y mejoró la calidad trabecular. En ratas Sprague-Dawley, 5 mg/kg al día por inyección, empezando 13 semanas después de la cirugía y durante tres semanas, mejoró la fracción de volumen óseo, el número de trabéculas y la fuerza máxima que soportaban fémures y vértebras, pero no cambió la densidad mineral femoral ni la expresión de RANKL y osteoprotegerina. Y en ratas esqueléticamente maduras tratadas con CBD mediante bomba osmótica durante doce semanas no ocurrió nada: ni recuperación del hueso trabecular ni descenso de los marcadores de resorción.
Las autoras señalan tres explicaciones posibles: distintas vías de administración, distinta edad en el momento de la cirugía —esqueleto en crecimiento frente a esqueleto maduro— y el hecho de que el CBD ingerido es transformado por las bacterias intestinales, sin que nadie haya estudiado aún qué hacen esos metabolitos en el hueso. Si el factor de la edad se confirma, es una mala noticia justo para el grupo al que más le interesa la pregunta.
Fracturas: el CBD sí, el THC no
En ratones con fractura de fémur, el CBD redujo el retraso de consolidación provocado por la extirpación ovárica, pero solo cuando el tratamiento empezaba antes de la fractura, no en el momento de producirse. En machos sanos, el tratamiento previo no mejoró ni la calidad ni la resistencia del hueso.
Las comparaciones directas fueron más elocuentes. En un modelo de artrodesis lumbar en ratas, las tratadas con CBD consolidaron mejor, con factores osteogénicos elevados a las dos semanas y ya no a las ocho. Las que recibieron THC solo, o THC junto con CBD, no mostraron cambios. En otro trabajo, el CBD, pero no el THC, mejoró la carga máxima y el trabajo hasta la rotura del hueso en reparación y aumentó la expresión de una enzima necesaria para el entrecruzamiento del colágeno.
Encías y hueso maxilar
La periodontitis destruye el hueso alveolar que sostiene los dientes, y es una de las áreas más trabajadas. En ratas, el CBD inyectado a 5 mg/kg al día durante 30 días atenuó la pérdida de hueso alveolar e inhibió la expresión de RANK/RANKL. Por vía oral y combinado con taurina durante 21 días redujo la inflamación, la profundidad de las bolsas y la pérdida ósea. Aplicado de forma tópica durante cuatro semanas evitó la pérdida de hueso por otra vía inflamatoria. Las células madre de la pulpa dental tratadas con CBD sobrevivieron y migraron mejor y se diferenciaron hacia hueso. En cambio, el THC solo se ha probado en un estudio de este campo, y los cannabinoides minoritarios en ninguno.
CBG y CBC no son versiones pequeñas del CBD
En el cannabis se han identificado más de cien cannabinoides minoritarios, y los pocos que han llegado a estudiarse en hueso se comportan de forma distinta. En un modelo de fractura de tibia, el CBD y el CBG aumentaron el volumen, la densidad y la resistencia del hueso y redujeron el dolor. El CBC alivió el dolor de la fractura pero impidió la reparación ósea, algo que nadie deduciría de una etiqueta que se limita a decir «cannabinoide no embriagante».
En un modelo de artrosis, el aceite de CBD y el de CBD con CBG redujeron dolor e inflamación sin afectar a la remodelación ósea, y el cartílago solo quedó protegido con CBG. Hasta qué punto una molécula aislada y un extracto completo actúan distinto lo muestra también la comparación directa entre CBG y extracto de espectro completo.
Qué se ha medido en personas
Cuatro datos que no terminan de encajar entre sí. La encuesta estadounidense NHANES no encontró asociación entre el consumo de cannabis y la densidad mineral ósea en personas de 20 a 59 años. Seis semanas de extracto de cáñamo diario no modificaron el contenido mineral óseo en adultos con sobrepeso pero por lo demás sanos. En sentido contrario, un estudio transversal británico halló en consumidores intensivos de cannabis menor densidad ósea en cadera y columna, más fracturas y marcadores de recambio más altos que en fumadores de tabaco.
Dos trabajos clínicos pequeños abordaron el cannabidiol directamente. En una serie de casos, dos mujeres posmenopáusicas con osteopenia tomaron 100 o 300 mg diarios de CBD durante doce semanas: no mejoraron el sueño, el ánimo, la ansiedad ni la calidad de vida, pero bajaron los marcadores de recambio óseo CTx, P1NP, BSAP y osteocalcina. En el primer ensayo clínico controlado de este tipo, 38 hombres y 45 mujeres tomaron durante siete días cápsulas con 5 a 20 mg de THC y contenido variable de CBD, dos veces al día. El CTx, marcador de destrucción ósea, bajó con ambos productos; los marcadores de formación no cambiaron.
Siete días, personas sanas sin pérdida ósea previa, analíticas en lugar de imagen. Es motivo para seguir investigando, no un tratamiento.
El mapa regulatorio en el mundo hispanohablante
Aquí está la diferencia más práctica respecto a otros países. En buena parte de América Latina y en España existen canales legales de acceso al cannabis medicinal, cosa que no ocurre en todas partes. Lo que no existe en ninguno de ellos es una indicación aprobada para hueso.
En Uruguay el mercado está bajo el IRCCA. En Argentina, el registro REPROCANN habilita el cultivo para uso medicinal y la ANMAT regula los medicamentos. En Colombia, el INVIMA registra los productos derivados de cannabis y las preparaciones magistrales. En México corresponde a la COFEPRIS, en Chile al ISP y en España a la AEMPS. Los medicamentos cannabinoides autorizados en estos sistemas lo están para espasticidad en esclerosis múltiple, para determinadas epilepsias o para náuseas y vómitos por quimioterapia. Para osteoporosis, fracturas o enfermedad periodontal no hay ningún cannabinoide aprobado en ningún país, y la propia revisión lo dice sin rodeos.
Conviene distinguir además dos circuitos que se confunden con facilidad: el de un medicamento prescrito dentro de una indicación autorizada, y el de los productos con CBD que se venden como cosmética o complemento sin registro sanitario. En el segundo, ni la concentración ni la pureza están verificadas por ninguna autoridad, y para una sustancia cuyo efecto sobre el hueso se invierte según la concentración eso no es un detalle menor. En España, por cierto, el marco general del cannabis sigue sin ley propia pese a que el país exportó al mundo el modelo de asociaciones, una paradoja que ya analizamos en detalle.
Qué solidez tiene todo esto
Poca, y la revisión lo reconoce. El grueso del trabajo es in vitro o en roedores, con vías de administración —bombas osmóticas, inyección intraperitoneal— que no se trasladan a una persona que toma un aceite. Los tamaños muestrales en humanos van de dos a 83. Los estudios se contradicen dentro del mismo modelo animal. Casi todo se hizo con CBD aislado, mientras que casi todo lo que se vende son mezclas. No hay dosis, momento ni vía de administración establecidos.
Un dato del propio artículo que corresponde mencionar: una de las dos autoras tiene participación accionarial en una empresa del sector. Eso no invalida una revisión de la literatura, pero el lector tiene derecho a saberlo.
Preguntas frecuentes
En personas no está demostrado. En animales, el CBD mejoró la calidad, la resistencia y la consolidación del hueso en varios experimentos y no hizo nada en otros. En humanos solo se han medido cambios en marcadores sanguíneos de recambio óseo durante periodos de una a doce semanas. Ningún estudio ha mostrado más densidad, más resistencia ni menos fracturas en una persona.
No hay evidencia clínica que lo respalde. Los experimentos animales con resultado positivo empezaron el tratamiento antes de la pérdida ósea o en sus fases iniciales; el único que trató animales ya maduros después de establecerse la pérdida no obtuvo ningún efecto. La osteoporosis cuenta con tratamientos aprobados y eficaces, y la decisión corresponde a un profesional sanitario.
No. En el mismo modelo de fractura, el CBD y el CBG aumentaron volumen, densidad y resistencia, mientras que el CBC alivió el dolor pero empeoró la reparación. En artrosis, el CBG protegió el cartílago y el CBD no. El parecido químico entre cannabinoides no predice su efecto en el hueso.
No dentro de una indicación aprobada. Existen vías legales de acceso al cannabis medicinal —REPROCANN y ANMAT en Argentina, IRCCA en Uruguay, INVIMA en Colombia, COFEPRIS en México, ISP en Chile y AEMPS en España—, pero los productos autorizados en esos sistemas lo están para otras indicaciones, y ninguna agencia de la región ha aprobado un cannabinoide para osteoporosis, fracturas ni enfermedad periodontal. Cualquier producto que se anuncie con esa finalidad se sitúa fuera de lo autorizado.
Aviso legal
Este artículo es periodismo científico sobre investigación publicada y tiene una finalidad exclusivamente informativa. No constituye consejo médico, diagnóstico, recomendación de tratamiento ni invitación a adquirir, cultivar o consumir ningún producto. El cannabidiol y otros cannabinoides no están aprobados en ningún país para el tratamiento de la osteoporosis, las fracturas, la periodontitis ni ninguna otra enfermedad ósea. Los cannabinoides pueden interactuar con medicamentos de prescripción, incluidos los que se emplean frente a la pérdida de masa ósea. La situación legal del cannabis varía según el país. Ante cualquier duda sobre densidad ósea, riesgo de fractura o consolidación de una fractura, consulte a un profesional sanitario. TheCannex no promueve el uso ilegal de sustancias.