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Cannabis y lactancia: hallan sustancias del humo en la orina de bebés amamantados

En buena parte de América Latina el acceso al cannabis medicinal se ha ampliado a una velocidad notable: desde la regulación pionera de Uruguay hasta los registros de pacientes en Argentina, Colombia, México, Chile y España. Y con ese acceso crece una certeza engañosa: la idea de que un poco de cannabis no puede hacer daño, ni siquiera durante la lactancia. La ciencia, durante años, respondió a esa idea encogiéndose de hombros. Se sabía que el THC pasa a la leche materna. Pero si los demás acompañantes del humo —esos compuestos de nombre industrial que se forman cuando algo se quema— llegan también al bebé, era un misterio.

Un nuevo trabajo fue a mirar donde todo se ve con más claridad: al pañal. Investigadores de la Universidad Estatal de Washington, junto con los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), analizaron la orina de bebés alimentados exclusivamente con leche materna cuyas madres consumen cannabis, y la examinaron en busca de los llamados compuestos orgánicos volátiles (VOC, por sus siglas en inglés). Los resultados, publicados el 15 de julio de 2026 en el International Journal of Environmental Research and Public Health, provienen del estudio Lactation and Cannabis (LAC) y son los primeros de su tipo. Son también más matizados de lo que querría tanto el bando alarmista como el del “no pasa nada”.

Lo esencial en breve

La versión corta, antes de entrar en detalle. En la orina de bebés amamantados cuyas madres consumen cannabis, los investigadores hallaron 24 productos de degradación distintos ligados al humo, y los valores de muchos de ellos subieron después de que la madre consumiera, en comparación con una medición de base tomada tras al menos doce horas sin cannabis. Dos de esas sustancias provienen de cancerígenos conocidos —acrilonitrilo y acrilamida, los mismos que hay en el humo del tabaco— y su concentración fue de la mano de cuánto THC había en la leche de la madre. Y algo clave: en los bebés de madres que fumaron, los valores fueron bastante más altos que en los de madres que solo vapearon. Pero antes de alarmarse, dos cosas importan enormemente: la muestra fue muy pequeña (menos de veinte parejas madre-bebé) y las cantidades medidas fueron incluso más bajas que el promedio estadounidense en niños mayores. Los autores dicen sin rodeos que todavía no puede sacarse ninguna conclusión sobre seguridad o daño. Esto es una primera bengala lanzada a un cuarto oscuro, no un veredicto.

Qué hicieron exactamente los investigadores

El planteo fue simple. Participaron veinte madres en período de lactancia de los estados de Washington y Oregón, todas consumidoras habituales de cannabis y con bebés menores de seis meses. En el día del estudio, cada madre entregaba primero una medición “limpia”: una muestra de leche y de orina del bebé tomada tras al menos doce horas sin nada de cannabis. Después consumía como acostumbra —su propio producto, su propio método, nada suministrado por el equipo—. En las ocho a doce horas siguientes se recolectaban varias muestras más de leche y orina.

Recolectar la orina de un bebé no es ciencia glamorosa. Las madres forraban un pañal limpio con algodones estériles, lo revisaban con frecuencia y trasladaban lo recogido a tubos diminutos que iban directo al congelador de casa y, de ahí, en hielo, a un laboratorio de los CDC. Al final, 65 muestras de orina de 19 parejas madre-bebé pasaron el control de calidad y entraron al análisis.

Las sustancias que nadie quiere en la habitación del bebé

Con un análisis muy sensible (espectrometría de masas), los investigadores detectaron 24 de las 32 sustancias buscadas. Quince de ellas aparecieron más altas después del consumo de la madre que en la muestra “limpia”. Todos los bebés tuvieron al menos una muestra con niveles detectables, lo que indica que una cierta huella de estos compuestos es, sencillamente, parte del entorno moderno.

Dos sustancias acapararon la atención. La primera, abreviada 2CyEMA, la produce el cuerpo tras el contacto con acrilonitrilo, un cancerígeno usado para fabricar plásticos y caucho sintético y presente en el humo del tabaco. La segunda, 2CaEMA, es la huella de la acrilamida, también cancerígena y conocida del humo del cigarrillo (y que, curiosamente, aparece al dorar mucho alimentos como las papas fritas o las tostadas). Ambas subieron tras el consumo materno y ambas aumentaron a la par del THC en la leche. Dicho de forma simple: a más THC en la leche, más de estos productos de degradación en el bebé.

Fumar o vapear: dónde se nota la diferencia

Este es, quizás, el resultado más aplicable a la vida real. En los bebés cuyas madres fumaron el día del estudio, el marcador ligado al acrilonitrilo fue en promedio alrededor de un 89 % más alto que en los bebés de madres que solo vapearon. Con la acrilamida, el mismo patrón.

La química detrás se entiende fácil. En la combustión —cuando de verdad se prende fuego al material vegetal— la temperatura es mucho más alta que al vaporizar, y es ese calor el que “forja” sustancias como el acrilonitrilo y la acrilamida. El vapeo calienta el cannabis por debajo del umbral en que se genera la mayor parte de esos compuestos, así que menos de ellos terminan en el aerosol, en la sangre y, al parecer, en el bebé. Es un patrón que ya se ve con el tabaco y encaja en la tendencia más amplia de cómo quienes consumen combinan cada vez más fumar, vapear y otros métodos, cada uno con su propia firma química. <!– REDACCIÓN – NO PUBLICAR: el enlace interno apunta de forma provisional a la URL en inglés. Antes de publicar, cambiar al slug /es/ cuando se confirme, p. ej. /es/seis-perfiles-consumo-nicotina-tabaco-cannabis-jovenes/ – verificar el slug real. –>

Además, esa misma diferencia entre quemar y vaporizar refleja un giro más amplio en las formas de consumo, del humo puro hacia las formas inhaladas y vaporizadas y los comestibles. <!– REDACCIÓN – NO PUBLICAR: el enlace interno apunta de forma provisional a la URL en inglés. Antes de publicar, cambiar al slug /es/ cuando se confirme, p. ej. /es/cannabis-inhalado-neuropatia-diabetica-dolor/ – verificar el slug real. –>

Eso sí, conviene aclarar: quienes solo vapearon eran apenas dos, así que esta comparación, por más llamativa que sea, se apoya en una base muy delgada.

El contexto que los titulares se saltan

Ahora, la parte que mantiene todo esto dentro de lo honesto. Cuando los investigadores compararon los valores de sus bebés con datos nacionales de los CDC, el resultado fue más bien tranquilizador: para la mayoría de las 32 sustancias, el promedio en niños estadounidenses de tres a cinco años era al menos un 40 % más alto que en estos lactantes. Es decir que, medidos con esa vara (imperfecta, sí), los bebés del estudio no estaban nadando en un caldo químico. La exposición era real, pero más bien en el extremo bajo.

Conviene recordar también por qué tantas madres recientes recurren al cannabis. Los primeros meses tras el parto traen dolor, agotamiento, ansiedad e insomnio, y a muchas el cannabis les parece —no siempre con razón— una vía suave para sobrellevarlo. Esa percepción alimenta el aumento del consumo durante la lactancia, y explica también por qué cada vez más adultos recurren al cannabis para dormir o aliviar el estrés. <!– REDACCIÓN – NO PUBLICAR: el enlace interno apunta de forma provisional a la URL en inglés. Antes de publicar, cambiar al slug /es/ cuando se confirme, p. ej. /es/cannabis-medicinal-calidad-sueno-estudio-2025/ – verificar el slug real. –>

Entender los pros y los contras, en lugar de repartir prohibiciones genéricas, es justamente lo que estudios como este permiten.

Lo que el estudio NO dice

Hay que reconocerles a los autores lo claros que son sobre los límites de su trabajo, y cualquier lectura honesta debe repetirlo. Primero, el estudio LAC original nunca fue diseñado para medir exposición a VOC, de modo que el equipo no pudo descartar otras fuentes: humo de segunda mano de otras personas en el hogar, residuos depositados en superficies (el humo de tercera mano) o incluso la dieta. La orina de un bebé no dice si una sustancia llegó por la leche, por el aire o desde el cojín del sofá.

Segundo, no hubo grupo de comparación —bebés de madres que no consumen cannabis—, lo que hace imposible aislar al cannabis como causa con total certeza. Tercero, la muestra fue pequeña y las madres usaron productos muy distintos en dosis muy distintas, así que de aquí no sale una fórmula limpia del tipo “tanta cantidad de cannabis equivale a tanto riesgo”. Y cuarto, lo más importante: nadie sabe qué hacen estas cantidades concretas en un bebé en pleno desarrollo. El acrilonitrilo y la acrilamida se asocian con cáncer en adultos tras una exposición prolongada; qué significan las trazas halladas aquí, a esta edad, es sencillamente desconocido.

Qué significa esto en América Latina y España

Ni motivo de pánico ni luz verde. El trabajo aporta una primera evidencia sólida de que la química del humo del cannabis —y no solo su THC— puede llegar a un bebé amamantado, y de que la forma de consumo importa. Para una madre que sopesa opciones, la diferencia entre fumar y vapear es un dato concreto, aunque la ciencia que lo sostiene sea todavía joven.

Importa situar el marco regulatorio. Los organismos que en la región habilitan el acceso al cannabis medicinal —el IRCCA en Uruguay, el REPROCANN y la ANMAT en Argentina, el INVIMA en Colombia, la COFEPRIS en México, el ISP en Chile o la AEMPS en España— regulan el acceso, pero no declaran que el cannabis sea inofensivo durante la lactancia. Las guías pediátricas y gineco-obstétricas de la región siguen recomendando evitar el consumo mientras se amamanta, apoyándose precisamente en las incógnitas que este estudio empieza a sondear. Este trabajo no cambia esa postura. Lo que sí cambia: la casilla de “exposición desconocida a VOC” en el mapa de riesgos tiene por fin cifras concretas —pequeñas, pero cifras— y un próximo paso claro: estudios más grandes, con grupo de comparación, que por fin digan si algo de esto importa para la salud del bebé a largo plazo.

Preguntas frecuentes

¿Este estudio prueba que el cannabis en la leche materna daña a los bebés?

No, y los autores son enfáticos al respecto. Solo prueba que en estos bebés pueden detectarse sustancias ligadas al humo y que algunas suben tras el consumo de la madre. Si esas cantidades causan algún daño es desconocido, y el estudio no pudo demostrar que el cannabis sea la única fuente. Es un punto de partida para la investigación, no un veredicto de salud.

¿Vapear es más seguro que fumar durante la lactancia?

El estudio halló niveles más bajos de dos productos de cancerígenos en los bebés de madres que vapearon en lugar de fumar, lo que encaja con la química de la menor temperatura del vapeo. Pero “más bajo” no es “seguro”: el THC pasa a la leche con cualquier método, y el grupo que solo vapeaba era muy reducido. Es una señal relevante, no un aval del vapeo.

¿Qué dice la regulación en América Latina y España sobre el cannabis y la lactancia?

Los marcos de acceso al cannabis medicinal en la región —IRCCA (Uruguay), REPROCANN/ANMAT (Argentina), INVIMA (Colombia), COFEPRIS (México), ISP (Chile) y AEMPS (España)— regulan quién puede acceder y bajo qué condiciones, pero no se pronuncian sobre la inocuidad durante la lactancia, que es una cuestión clínica aparte. El estatus legal del cannabis varía mucho de un país a otro. Para decisiones concretas conviene siempre consultar con personal de salud.

¿Cuánto THC llega en realidad al bebé?

En este estudio, la ingesta diaria promedio estimada de THC por bebé a través de la leche osciló entre unos 0,002 y 0,196 miligramos por día, con una media cercana a 0,05 miligramos. Son cantidades pequeñas, pero los investigadores advierten que se desconoce qué significa una exposición baja pero repetida durante el desarrollo temprano.

Aviso legal

Este material tiene fines exclusivamente informativos y educativos y expone los resultados de un único estudio científico en etapa temprana. No constituye asesoramiento médico y no debe usarse para tomar decisiones sobre el consumo de cannabis, la lactancia o el cuidado de un bebé. La investigación descrita se basa en una muestra pequeña y no puede probar causa, efecto ni seguridad. Quienes estén embarazadas, amamantando o al cuidado de un lactante deben consultar su situación concreta con personal de salud calificado. Las normas sobre el cannabis difieren según el país y cambian con el tiempo.

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