Muchas mujeres con endometriosis conocen bien el recorrido: tratamiento hormonal, una o varias laparoscopias, ibuprofeno o diclofenaco, a veces tramadol, y aun así el dolor vuelve casi todos los días del mes. Ese era el perfil de las pacientes que reclutó el hospital universitario Charité de Berlín para un pequeño estudio. A su tratamiento habitual se sumó un extracto estandarizado de cannabis, tomado por vía oral dos veces al día durante tres meses.
Los resultados se publicaron el 22 de septiembre de 2026 en la revista científica PLOS One, con la ginecóloga Sylvia Mechsner, del Centro de Investigación en Endometriosis de la Charité, como autora principal. El dolor bajó, los analgésicos se necesitaron menos días y la calidad de vida mejoró. Las limitaciones pesan igual: solo 27 mujeres completaron el estudio, no hubo grupo placebo y todas sabían lo que estaban tomando.
Key Takeaways
En este estudio piloto prospectivo participaron 30 mujeres premenopáusicas con endometriosis confirmada y un dolor que no había respondido a hormonas ni a analgésicos; 27 de ellas recibieron durante tres meses, además de su tratamiento previo, un extracto oral con proporciones similares de THC y CBD. Tras cuatro semanas de subida progresiva, la dosis diaria se estabilizó en torno a 10 mg de THC y 12 mg de CBD y no aumentó después. El dolor medio en una escala de 0 a 10 pasó de 6,81 a 4,93 a los tres meses, se redujeron los días con analgésicos y mejoraron el cansancio, la ansiedad y todas las áreas de un cuestionario de calidad de vida específico para la endometriosis. Los efectos secundarios fueron sobre todo leves, pero casi todas las participantes notaron al menos uno, en especial cansancio y problemas de concentración y memoria en torno al 60%. Al ser un estudio pequeño, abierto y sin grupo de comparación, muestra que la idea merece ensayos rigurosos, no que el tratamiento funcione.
El estudio sobre extracto de cannabis y dolor por endometriosis: quiénes participaron
En la endometriosis, un tejido parecido al que recubre el interior del útero crece fuera de él, sobre todo en la pelvis. Ese tejido responde a las hormonas y provoca inflamación, lo que se traduce en reglas muy dolorosas, dolor durante las relaciones sexuales, dolor pélvico crónico y, a veces, dificultades para quedar embarazada. Según los autores, afecta a alrededor del 10% de las mujeres en edad reproductiva en el mundo.
El dolor no nace solo en las lesiones. Con el tiempo, el propio sistema nervioso puede volverse hipersensible, algo que se conoce como sensibilización central. Se parece a una alarma de humo ajustada al máximo, que salta en cuanto se tuesta un pan. La señal es real, pero el sistema la amplifica. Por eso los analgésicos comunes se quedan cortos en muchas pacientes.
Entre el 1 de noviembre de 2023 y el 31 de mayo de 2025, la Charité incluyó a 30 mujeres. Debían tener un diagnóstico confirmado, dolor pélvico no ligado al ciclo durante al menos tres meses, una intensidad media de 4 sobre 10 o más y una indicación médica propia para un medicamento a base de cannabis. Se excluyó a mujeres con enfermedades cardíacas, adicciones conocidas, consumo regular de cannabis en los seis meses previos, embarazo, lactancia o deseo de embarazo. Nadie podía empezar ni cambiar un tratamiento hormonal en los tres meses anteriores ni durante el estudio.
Una participante lo abandonó en las primeras semanas por efectos secundarios y dos dejaron de enviar los cuestionarios. Se analizaron 27 mujeres con una edad media de 32,9 años. El 81,5% ya recibía hormonas. Algo más de la mitad (51,9%) tenía el estadio quirúrgico más leve, el I de la clasificación rASRM: una paradoja conocida de la endometriosis, en la que el aspecto de las lesiones en el quirófano dice poco sobre la intensidad del dolor. En el mes previo, el dolor medio era de 6,8 sobre 10. Siete mujeres tomaban opioides al empezar y doce nunca los habían usado. La experiencia con cannabis era escasa: el 37,0% nunca lo había probado y el 44,4% solo hacía mucho tiempo.
Qué tomaron y en qué dosis
Todas recibieron un extracto oral del llamado quimiotipo 2, es decir, con THC y CBD en cantidades parecidas: 12 mg de THC y 14 mg de CBD por mililitro. La dosis se subió despacio durante cuatro semanas, y el equipo llamó a cada paciente a las dos y a las cuatro semanas para detectar pronto posibles efectos secundarios.
La dosis objetivo quedó en unos 10 mg de THC y 12 mg de CBD al día: 0,3 ml por la mañana (3,6 mg de THC y 4,2 mg de CBD) y 0,5 ml por la noche (6,0 mg de THC y 7,0 mg de CBD). Durante los tres meses, las dosis medianas se mantuvieron exactamente ahí. Los autores lo interpretan como una señal de que no apareció tolerancia en ese plazo, aunque el estudio no dice nada sobre periodos más largos.
El producto lo aportó Khiron, una empresa de cannabis medicinal de origen colombiano con actividad en Alemania, y se dispensó a través de las farmacias Bezirks Apotheken, según reconoce el artículo. El trabajo no tuvo financiación específica y los autores declararon no tener conflictos de interés. Conviene subrayar que se trató de un medicamento con contenido definido de principios activos, recetado por un médico, y no de un aceite de venta libre. Hasta qué punto la etiqueta de esos productos puede diferir de su contenido lo mostró un análisis de 186 aceites de CBD europeos. Las dosis citadas describen un protocolo supervisado y no son una guía de uso.
Qué pasó con el dolor y con los analgésicos
La intensidad media del dolor partía de 6,81. Al mes era de 5,15, a los dos meses de 4,59 y a los tres de 4,93. Todas las diferencias respecto al inicio fueron estadísticamente significativas, es decir, difíciles de atribuir al azar dentro de este grupo.
También disminuyeron los días con dolor: según la sección de resultados, la mediana bajó de 30 días al mes a 20 a los dos meses y a 17 a los tres. Un detalle para lectores atentos: la tabla de datos iniciales atribuye el 30 a los días con analgésicos y da una mediana de 13 días con dolor pese a la medicación. Con el texto publicado no queda del todo claro qué valor inicial corresponde a cada medida.
Los días en que hizo falta un analgésico se redujeron de forma significativa, ya desde el primer mes. Los autores hablan de un posible efecto «ahorrador» de antiinflamatorios y opioides. Es una interpretación, no un resultado aparte: el artículo no informa cuántas de las siete mujeres con opioides redujeron o dejaron la dosis. La cuestión importa, porque una revisión Cochrane encontró pruebas débiles de que los antiinflamatorios funcionen bien para este dolor, y los opioides tienen riesgos conocidos a largo plazo. Señales parecidas aparecieron en un estudio australiano con pacientes de dolor crónico, aunque en un grupo muy distinto.
Cansancio, ansiedad y calidad de vida
A los tres meses mejoraron las puntuaciones de fatiga, de ansiedad (medida con un cuestionario estándar de siete preguntas), de sensibilización central y de cuánto interfiere el dolor en el trabajo y la vida diaria. Los cambios en la sensibilización central solo coincidieron en parte con los de la intensidad del dolor. El equipo lo interpreta como un posible efecto sobre la forma en que el sistema nervioso procesa el dolor, algo que este diseño no puede demostrar.
El objetivo principal se fijó de antemano: mejorar 15 puntos en el apartado de dolor del cuestionario Endometriosis Health Profile-30 (EHP-30), donde 0 es el mejor estado y 100 el peor. La puntuación bajó de 59,34 a 38,38, más de lo previsto. Mejoraron también todos los demás apartados: sensación de falta de control e impotencia, de 72,76 a 43,52; bienestar emocional, de 52,01 a 34,26; imagen de sí misma, de 58,33 a 37,04; apoyo social, de 53,94 a 40,51; impacto en el trabajo, de 51,67 a 34,81; y relaciones sexuales, de 54,26 a 40,19.
Efectos secundarios: leves, pero casi en todas
Casi todas las participantes notaron al menos un efecto secundario, con independencia de la dosis. Los más persistentes fueron cansancio, dificultad de concentración y problemas de memoria, en torno al 60% durante los tres meses. Otros fueron disminuyendo: ansiedad o pánico del 26% al 4%, ideas paranoides del 4% al 0% y náuseas del 29,6% en el primer mes al 14,8% en el tercero. Hubo cambios de apetito en el 44,4%, el 55,6% y el 40,7% según el mes, y aumento de la frecuencia cardíaca en el 18,5% los dos primeros meses y el 11,1% el tercero. «Leve» significa en este estudio una puntuación de 1 en una escala de 0 a 3. El peso corporal no se registró de forma sistemática.
Cuánto peso tiene este resultado
Los propios autores señalan las debilidades: muestra muy pequeña, un solo centro, sin placebo, sin cegamiento, datos solo por cuestionario y apenas tres meses de seguimiento. En el dolor crónico el efecto placebo puede ser grande, sobre todo en mujeres que han probado de todo y ponen muchas expectativas en algo nuevo. Los efectos a largo plazo del THC regular sobre la memoria, las hormonas y el sistema cannabinoide del propio cuerpo están poco estudiados en mujeres en edad fértil. Hacen falta ensayos aleatorizados y controlados con placebo, el camino que sigue, por ejemplo, una empresa británica con un candidato a medicamento de CBD para el dolor por endometriosis.
El interés de las pacientes es alto, pero las pruebas clínicas todavía son escasas. Una revisión sistemática de 2022 sobre cannabis medicinal en el dolor ginecológico describe la evidencia como limitada. En una encuesta de la Charité en Alemania, Austria y Suiza, el cannabis fue el método de autocuidado mejor valorado, con 7,6 sobre 10, y alrededor del 90% de quienes lo usaban dijeron haber reducido los analgésicos convencionales; pero una encuesta recoge experiencias, no resultados controlados. Un estudio internacional del que informó The Cannex describió un entusiasmo parecido junto con barreras legales y sociales.
El marco legal en España y América Latina
En España, el Real Decreto 903/2025 regula desde octubre de 2025 las fórmulas magistrales tipificadas elaboradas con preparados estandarizados de cannabis registrados en la AEMPS. Las prescriben médicos especialistas, las elaboran los servicios de farmacia hospitalaria y se plantean como alternativa cuando otras opciones terapéuticas han fracasado. En Argentina, la Ley 27.350 creó el programa nacional de cannabis medicinal y el registro REPROCANN, que autoriza el acceso con indicación médica. En Colombia, México, Chile o Uruguay las reglas y los organismos responsables, como INVIMA, COFEPRIS, el ISP o el IRCCA, son distintos, y ninguno de estos marcos convierte un estudio piloto en una indicación aprobada.
FAQ
El dolor medio bajó de 6,81 a 4,93 a los tres meses y los analgésicos se necesitaron menos días. Pero no hubo grupo placebo y las participantes sabían lo que tomaban, así que no se puede saber qué parte de la mejoría se debe al extracto en sí.
Tras cuatro semanas de subida progresiva, la dosis diaria fue de unos 10 mg de THC y 12 mg de CBD, repartidos en 0,3 ml por la mañana y 0,5 ml por la noche de un extracto con 12 mg de THC y 14 mg de CBD por mililitro. Fue un protocolo de estudio supervisado por médicos, no una recomendación.
Casi todas las participantes notaron al menos uno. Cansancio, problemas de concentración y de memoria afectaron a cerca del 60% durante todo el estudio, mientras que las náuseas, la ansiedad y la taquicardia se hicieron menos frecuentes con el tiempo. Una mujer abandonó el estudio por efectos secundarios.
En España, el Real Decreto 903/2025 permite que médicos especialistas prescriban fórmulas magistrales con preparados estandarizados de cannabis registrados en la AEMPS, elaboradas y dispensadas por farmacias hospitalarias, cuando otros tratamientos no han funcionado; los usos concretos se remiten a la monografía del Formulario Nacional. En Argentina, la Ley 27.350 permite el acceso con indicación médica e inscripción en el REPROCANN. En ambos países la decisión corresponde al médico tratante, y fuera de estos cauces el cannabis sigue sujeto a la legislación sobre estupefacientes.
Aviso legal
Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no constituye asesoramiento médico, farmacéutico ni legal. Describe los resultados de un único estudio piloto y no recomienda el uso de cannabis ni de productos derivados para la endometriosis ni para ninguna otra enfermedad. Quien valore opciones de tratamiento debe consultarlo con un profesional sanitario. La normativa sobre cannabis y medicamentos a base de cannabis varía entre países y cambia con el tiempo; cada lector es responsable de comprobar la que se aplica donde vive.