En los cultivos al aire libre del Valle del Cauca, en los invernaderos de Canelones o en una plantación registrada de Jalisco, la escena se repite cada temporada cálida. Llega una ola de calor, el termómetro se queda varios días por encima de lo habitual y, dos semanas después, aparecen anteras entre los cogollos de plantas que habían sido hembras toda su vida. La explicación circula sola: el calor cambió el sexo. Es una de las frases más repetidas del cultivo y una de las menos comprobadas.
Un artículo de revisión publicado el 26 de agosto de 2026 en Frontiers in Plant Science se ocupa precisamente de eso. Yang Tao y su equipo de la Universidad de Chengdu separan conceptos que en la práctica se usan como sinónimos y señalan dónde hay datos y dónde no. El texto es de acceso abierto: DOI 10.3389/fpls.2026.1902742. Conviene tener presente el género: es una revisión, no un experimento propio. Los autores reúnen lo publicado y concluyen que el vínculo causal directo entre una temperatura concreta y el cambio de sexo floral sigue sin demostrarse en casi ningún cultivo. El cannabis incluido.
Lo esencial
La expresión sexual dependiente de la temperatura existe, pero es un fenómeno mucho más estrecho de lo que sugiere el uso corriente del término. Se refiere a que la temperatura actúa temprano, cuando el primordio floral todavía no ha decidido si será masculino o femenino, e influye en esa decisión. No se refiere al daño sobre flores cuyo sexo ya está fijado, ni a cualquier cambio en la proporción de flores masculinas y femeninas que se pueda contar en una planta. La evidencia sólida viene del pepino y del melón: el frescor empuja hacia lo femenino, el calor hacia lo masculino, y los genes de la ruta del etileno responsables de ese empujón han sido validados funcionalmente.
El cannabis queda un escalón por debajo en el esquema de la revisión. La plasticidad sexual de la especie está fuera de discusión, pero el disparador demostrado es hormonal, no térmico. Al alterar la síntesis o la señalización del etileno, el sexo floral se invierte en ambos sexos genéticos; sobre eso se construye toda la producción de semilla feminizada. Lo que nadie ha mostrado es que la temperatura por sí sola accione ese mismo interruptor. En términos de campo: el hermafroditismo tras una ola de calor es real, pero distinguir un cambio de destino floral de un aborto selectivo o de un simple daño térmico no se puede hacer mirando la planta.
Cuatro términos que se usan como uno solo
Buena parte de las discusiones se enredan porque cuatro procesos distintos comparten la palabra «sexo».
La determinación del sexo es el mecanismo que fija qué será la planta. En el cannabis es cromosómico, un sistema XX/XY, y el sexo genético queda establecido en la fecundación.
La diferenciación sexual es la ejecución de esa orden: los estambres o los carpelos siguen desarrollándose o se detienen de forma selectiva.
La expresión sexual es lo visible: cuántas flores de cada tipo, dónde están y si el patrón se mantiene a lo largo del ciclo.
La plasticidad sexual es la capacidad de un mismo genotipo de producir fenotipos sexuales distintos según las condiciones.
El cannabis resulta llamativo por esa combinación: base genética rígida y superestructura muy móvil. La genética dice «macho» y las hormonas, aun así, pueden sacar flores femeninas funcionales. Por eso la especie aparece en revisiones como esta.
Por qué la evidencia dura viene del pepino
Para ver a la temperatura cambiando de verdad el destino de una flor hay que ir a las cucurbitáceas. En pepino y melón el primordio floral forma al principio estambres y carpelos, y solo después uno de los dos se detiene. Esa etapa intermedia es el punto de decisión, y dura poco.
En pepino, el frescor y los días cortos aumentan la proporción de nudos con flores femeninas, mientras que el calor y los días largos desplazan la planta hacia lo masculino. No es una observación aislada: un seguimiento de cinco años sobre 359 accesiones de pepino mostró que la variación estacional en la feminidad está muy extendida, aunque la magnitud y la dirección de la respuesta cambiaban entre genotipos (DOI 10.1186/s12870-018-1490-3).
En sandía, una temperatura diurna de 32 °C inhibió el desarrollo de flores femeninas frente a 27 °C. Cinco grados de diferencia. En especies de Cucurbita, el calor retrasó la floración femenina y aumentó la proporción de botones femeninos abortados — y la revisión marca ese segundo resultado como la trampa clásica de interpretación: abortar un botón ya definido como femenino es daño, no cambio de sexo.
Debajo de los fenotipos hay una red bien cartografiada: las ACC sintasas, la ACC oxidasa CsACO2 y el factor masculinizante CsWIP1. Sin CsACO2 la planta resulta enteramente masculina; eliminando CsWIP1 con CRISPR se obtiene una planta predominantemente femenina. La rama del giberélico funciona en parte aparte: silenciar CsGAMYB1 redujo los nudos masculinos del 75,7 % al 45 % y elevó los femeninos del 24,3 % al 55 %, sin que la producción de etileno cambiara de forma apreciable. En melón, la metilación del promotor de CmWIP1 asociada a un transposón apaga ese gen de forma estable y fija el desarrollo femenino (DOI 10.1038/nature08498). Lo que falta es la prueba de que la temperatura gobierne esa metilación.
Dónde está parado el cannabis
En la tabla comparativa de la revisión, el cannabis figura en el nivel II de evidencia: mecanismos de plasticidad sexual validados funcionalmente, conexión temperatura–destino floral incompleta.
El lado hormonal está bien descrito. Un análisis de ortología reconstruyó los componentes principales de la síntesis y la señalización del etileno en Cannabis sativa (DOI 10.1007/s00497-023-00492-5), y un trabajo multiómico de 2026 vinculó la inversión sexual inducida con redes de transcripción sensibles al etileno propias de cada sexo y con el fondo genético de la planta (DOI 10.1111/tpj.70721). Este último punto importa en la práctica: el mismo tratamiento no rinde igual en todas las líneas, algo que los cultivadores describen desde hace años sin nombre técnico.
Lo que falta es la temperatura como disparador comprobado. Todos los casos publicados de inversión sexual en cannabis pasan por una intervención química. El experimento que mantenga constantes genotipo, fotoperiodo y nutrición, mueva solo la temperatura y registre el sexo floral en la etapa adecuada todavía no existe. El mismo vacío aparece en la literatura práctica sobre el cannabis hermafrodita, donde se culpa al «estrés» sin precisar cuál. Y la profundidad evolutiva del sistema sexual de la especie queda clara en el trabajo sobre los genes sexuales que el cannabis comparte con el lúpulo: cromosomas antiguos, expresión muy móvil.
El problema del aire libre en latitudes tropicales
Aquí la realidad hispanohablante se separa con claridad de la europea, y no por la botánica sino por la geografía productiva.
Buena parte de la producción legal de América Latina ocurre al aire libre o en invernaderos ventilados de forma pasiva, en climas donde las olas de calor no son una excepción sino parte del calendario. En Colombia, donde la latitud mantiene el fotoperiodo casi invariable durante todo el año, la variable ambiental que realmente se mueve es la temperatura, y cambia sobre todo con la altitud del predio: dos cultivos del mismo genotipo a 1.000 y a 2.600 metros viven regímenes térmicos distintos con el mismo día solar. Es exactamente el escenario donde una respuesta térmica de la expresión sexual, si existe, se notaría antes que en ningún invernadero climatizado del hemisferio norte.
Eso también afecta a la interpretación de lo que se observa. La revisión insiste en que un cambio en la proporción de flores es un resultado, no un mecanismo: la misma imagen la producen un cambio en la identidad del meristemo, el aborto selectivo de un tipo de flor, distinta intensidad de floración o distinta sensibilidad térmica de cada sexo. Y no hay umbral universal, porque la sensibilidad depende del genotipo, la etapa, el régimen día-noche y la duración de la exposición. Añádase que casi todos los ensayos publicados trabajaron a temperatura constante, mientras un cultivo real vive picos, calentamiento nocturno y estrés acumulados; la magnitud de esa variabilidad se aprecia bien en el registro de 113.000 mediciones dentro de una sala de cultivo.
Para los programas de mejora regional, la conclusión operativa de la revisión es que tolerancia al calor y estabilidad de la expresión sexual no son el mismo carácter y no deberían seleccionarse como si lo fueran. Los loci de tolerancia térmica general no gobiernan por defecto el sexo floral. Con el cáñamo industrial ocurre algo parecido: existen estudios de QTL sobre expresión sexual en poblaciones monoicas y dioicas (DOI 10.1007/s10681-016-1641-2), pero son escasos frente a lo disponible en pepino, incluso mientras avanzan los estudios genómicos sobre los genes del cáñamo.
Seis reguladores, seis respuestas distintas
El marco legal del espacio hispanohablante multiplica las consecuencias de un mismo fenómeno biológico. En Uruguay, la producción con licencia del IRCCA responde a cupos y especificaciones de producto. En Argentina, el REPROCANN habilita el autocultivo registrado y la ANMAT regula los productos; en Colombia, el INVIMA autoriza los derivados y el país opera como plataforma exportadora, con la reciente discusión legislativa sobre la legalización como telón de fondo. En México interviene la COFEPRIS, en Chile el ISP y en España la AEMPS, dentro de un marco de cannabis medicinal todavía en despliegue.
La diferencia práctica es esta: en una cadena farmacéutica, una partida con semilla no es un defecto estético sino una desviación de especificación, porque cambia la relación entre masa floral y resto de material vegetal y, con ella, la homogeneidad del lote. En un esquema de autocultivo registrado, en cambio, el mismo suceso es una pérdida doméstica sin trámite asociado. El fenómeno es idéntico; el coste regulatorio, no.
Lo que la ciencia debería aportar
Los autores son concretos: hacen falta experimentos causales en lugar de correlaciones entre tratamiento térmico y transcriptoma, análisis con resolución celular y espacial de los primordios, y regímenes térmicos realistas con oscilaciones en vez de cámaras a temperatura fija. Queda abierto también si un golpe de calor breve deja «memoria» o si las flores masculinas tardías proceden simplemente de primordios que se definieron durante los días cálidos.
Para el cannabis, el camino más corto es el menos vistoso: ensayos térmicos controlados sobre varios cultivares, muestreo de ápices en etapas definidas y lectura contra los componentes del etileno ya cartografiados. Mientras eso no exista, la respuesta honesta es que la temperatura bien podría invertir el sexo floral, que la planta tiene el mecanismo para hacerlo y que el experimento que lo demuestre no se ha publicado.
Preguntas frecuentes
Es posible, pero no está demostrado. El sexo floral del cannabis es reversible por la vía del etileno y el estrés térmico interfiere con esa vía en especies emparentadas. Ningún estudio publicado ha aislado la temperatura como única variable y mostrado que cambie el sexo floral en cannabis.
No hay umbral validado. La revisión subraya que la sensibilidad depende del genotipo, la etapa de desarrollo, el régimen día-noche y la duración. El único dato concreto procedente de un cultivo emparentado es la sandía, 32 °C frente a 27 °C: sirve como orden de magnitud, no como límite aplicable al cannabis.
En el momento. La expresión sexual dependiente de la temperatura actúa antes de que el sexo del primordio quede fijado. El daño reproductivo por calor actúa después y afecta a la viabilidad del polen, la receptividad del estigma y la fecundación, sin redefinir el órgano.
Cada jurisdicción responde distinto. Uruguay regula la producción mediante licencias del IRCCA; Argentina habilita el autocultivo con inscripción en el REPROCANN y somete los productos a la ANMAT; Colombia autoriza derivados a través del INVIMA en un esquema orientado a la exportación; México opera bajo la COFEPRIS, Chile bajo el ISP y España bajo la AEMPS, con el cannabis medicinal en fase de despliegue y sin mercado adulto regulado. El cultivo sin la autorización que corresponda sigue siendo delito en todos estos países, y conviene verificar la norma vigente antes de cualquier actividad.
Aviso legal
Este artículo tiene finalidad informativa y divulgativa y describe una revisión científica publicada en una revista con revisión por pares. No constituye asesoramiento médico, jurídico ni agronómico, no formula afirmaciones terapéuticas sobre el cannabis o sus derivados y no promueve su cultivo, adquisición o consumo. La normativa varía entre países y cambia con frecuencia; corresponde a cada lector comprobar el marco legal aplicable en su jurisdicción.