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Farmacocinética del CBD en personas mayores: qué predice el primer modelo para los mayores de 65

Una mujer de 72 años y un hombre de 30 toman la misma cápsula. Dentro del cuerpo no ocurre lo mismo. Con la edad el hígado se encoge, le llega menos sangre y las enzimas que desmontan las sustancias trabajan de otra manera. Nada de eso figura en la etiqueta. Y casi todo lo que se sabe sobre el recorrido del cannabidiol en la sangre procede de estudios con voluntarios jóvenes y sanos, justo el grupo que menos compra CBD por dolor articular o insomnio.

Un equipo de la University of the Pacific y la Washington State University acaba de cerrar ese hueco sin extracciones de sangre, con cálculo. El trabajo Predicting Cannabidiol Pharmacokinetics in Older Adults Via Physiologically Based Pharmacokinetic Modeling, firmado por Lixuan Qian, Aiden-Hung P. Nguyen, Mary F. Paine y Zhu Zhou, se publicó el 8 de septiembre de 2026 en The AAPS Journal. Combina experimentos de laboratorio con tejido hepático humano y una población virtual de 65 a 98 años, y ofrece la primera predicción publicada de cómo cambia la exposición al CBD con la edad.

Claves del estudio

Los cálculos indican que las enzimas del citocromo P450 se encargan de alrededor del 86 % de la degradación del cannabidiol y las enzimas UGT del 14 %, una corrección notable frente al reparto de 70 a 30 que el mismo grupo había publicado antes. El cambio apareció al retirar del ensayo dos reactivos habituales que inflaban la parte atribuida a las UGT. El CBD solo inhibió de forma duradera una enzima, la CYP1A2, y como él mismo no se metaboliza por esa vía, aquello no afectó a su propia eliminación. Al trasladar el modelo corregido a la población virtual mayor de 65 años, la exposición simulada resultó superior a la de los adultos jóvenes en casi todos los escenarios, con el máximo en el grupo de 85 a 98 años. Lo decisivo no fueron los miligramos sino la forma de administración: con el espray bucal la exposición fue entre 1,20 y 1,82 veces la de los jóvenes, mientras que con una solución oleosa que se absorbe en parte por vía linfática la diferencia por edad casi se borraba. La variabilidad entre individuos también creció con la edad. Ninguno de estos valores se midió en personas mayores reales: no existe ningún estudio farmacocinético publicado de CBD en mayores sanos, y por eso se recurrió al cálculo.

Por qué nadie lo ha medido directamente

El camino obvio sería dar cannabidiol a voluntarios mayores y extraerles sangre durante horas. Ese estudio no existe. Una farmacocinética seria exige muchas extracciones, y en participantes de edad avanzada eso plantea problemas de seguridad y tolerancia. Los ensayos que sí incluyen mayores suelen recortar el muestreo. El resultado es que faltan las dos cifras que de verdad importan: la exposición total a lo largo del tiempo y la concentración máxima.

El modelado farmacocinético de base fisiológica —PBPK— es el rodeo. En lugar de medir la sustancia en personas, se construye un cuerpo matemático: tamaño de los órganos, flujo sanguíneo, cantidad de enzimas, todo tomado de datos anatómicos y fisiológicos publicados. Después se suelta dentro una dosis virtual y se observa adónde va. En el desarrollo de fármacos es un método rutinario y las agencias reguladoras lo aceptan precisamente cuando la población de interés es difícil de estudiar de forma directa.

Qué le hace el cannabidiol a la maquinaria del hígado

Antes de fiarse del modelo había que resolver una duda abierta. Se atribuía al CBD una inhibición dependiente del tiempo sobre varias enzimas CYP: una interferencia en la que la sustancia no solo bloquea la enzima, sino que la va inutilizando, de modo que el efecto se agrava cuanto más dura el contacto. Si el cannabidiol estuviera apagando las mismas enzimas que lo degradan, frenaría su propia eliminación.

Al probar las cinco enzimas principales en microsomas de hígado humano, esa inhibición apareció solo en la CYP1A2, no en la CYP2C19 ni en la CYP3A, al contrario de lo que sugería un trabajo anterior. Los autores atribuyen la discrepancia a que ambos experimentos usaron sustratos de prueba distintos. La inhibición reversible, la más común, resultó moderada o débil: con una concentración de CBD de 0,5 µM, la actividad conservada fue del 53 % para la CYP2C19, del 75 % para la CYP3A, del 77 % para la CYP2C9, del 82 % para la CYP1A2 y del 92,2 % para la CYP2D6.

Para la eliminación del propio cannabidiol la conclusión tranquiliza: incorporar al modelo la inhibición de la CYP1A2 no cambió nada. Para quien toma CBD junto con medicamentos de prescripción, en cambio, la inhibición reversible de la CYP2C19 y la CYP3A sigue contando. Que los cannabinoides también se influyen entre sí lo mostró el primer metaanálisis sobre la interacción entre CBD y THC.

El reactivo que estaba torciendo las cifras

El hallazgo más consecuente es técnico y resulta fácil pasarlo por alto, así que conviene decirlo sin rodeos: el montaje habitual del ensayo daba un reparto equivocado.

Las enzimas UGT viven en un pliegue de membrana de la célula hepática, con su parte activa mirando hacia dentro, lejos del cofactor que necesitan. En un tubo de ensayo esa barrera las frena artificialmente. Para compensarlo, los laboratorios añaden alameticina —un péptido que abre poros en la membrana— y cloruro de magnesio. Ambos elevan la actividad medida de las UGT. Ninguno existe en un hígado vivo.

Con los aditivos, el aclaramiento intrínseco fue de 1,07 ml/min/mg por la vía de los CYP, de 0,55 por la de las UGT y de 2,19 con ambos cofactores a la vez. Sin ellos, esos valores bajaron un 18 %, un 73 % y un 51 % respectivamente. Es decir: la cifra de los CYP apenas se movió, mientras que la contribución aparente de las UGT se encogió casi tres cuartas partes.

¿Qué versión se parece más a una persona? Lo decidieron por la vía empírica: pasaron ambas por el modelo y las contrastaron con cinco estudios reales de interacción en los que el CBD se había administrado junto a ketoconazol, omeprazol, rifampicina, estiripentol o valproato. Ganó la versión sin aditivos. En los tres estudios donde la exposición cambiaba más de un 25 %, las razones entre lo observado y lo predicho fueron 0,71, 1,28 y 0,94, todas dentro de un 30 % de los valores medidos. La verificación independiente con otros nueve ensayos clínicos y 29 pautas de dosificación se mantuvo dentro del criterio habitual de dos veces.

Así el 70 a 30 pasó a ser 86 a 14. No es un retoque cosmético: en las personas mayores el tamaño del hígado se reduce hasta un 35 % y el flujo sanguíneo hepático hasta un 40 % respecto a los adultos jóvenes. Una contribución sobrestimada de las UGT habría tapado justo esos cambios ligados a la edad.

El rodeo por el THC

Trasladar un modelo a una población que nunca se ha medido es un acto de fe mientras el propio traslado no se valide. Como no hay datos de CBD en mayores sanos, el equipo usó el THC como sustituto: un cannabinoide con propiedades fisicoquímicas parecidas y que sí se ha estudiado en ese grupo de edad.

Tomaron su modelo publicado de THC, cambiaron la población virtual por una geriátrica y no tocaron nada más. La comparación se hizo con un ensayo clínico en el que personas sanas de 65 a 80 años recibieron 3 mg, 5 mg y 6,5 mg de THC por vía oral. Predicción y medición se separaron menos del doble para el THC y su metabolito principal en las tres dosis, aunque el modelo se quedó algo corto, quizá porque los participantes tomaban de media otros dos medicamentos. El método aguantó la prueba, y solo entonces se aplicó al cannabidiol.

Qué predijo la simulación para los mayores de 65

La población virtual iba de los 65 a los 98 años y se dividió en tres escalones: 65-74, 75-84 y 85-98 años, cada uno frente al grupo de 18 a 64. Se simularon una solución oleosa oral de 200, 750, 1.500 y 6.000 mg y un espray bucal de 5, 10 y 20 mg.

La exposición subió con la edad en casi todos los escenarios y alcanzó su máximo en el grupo de 85 a 98 años. Para la dosis de 750 mg, la más frecuente en los ensayos clínicos, el modelo dio en los más mayores 1,14 veces el valor del grupo de 65-74 años y 1,28 veces el de los adultos jóvenes. Calculadas como formulación no oleosa, esas mismas dosis produjeron un aumento superior al 50 % en las personas de 75 a 98 años y superior al 25 % en las de 65 a 74.

El espray bucal se comportó de otra manera: todos los grupos mayores quedaron entre 1,20 y 1,82 veces por encima de los jóvenes, y con la dosis de 10 mg los más mayores llegaron a 1,82.

Por qué pesó más la forma que la dosis

El cannabidiol es muy soluble en grasa. Disuelto en aceite, una parte pasa a la circulación por vía linfática y esquiva parte del primer paso hepático. Ese atajo linfático es lo que, según los cálculos, amortigua el efecto de la edad. Un análisis de sensibilidad lo mostró con claridad: cuanto menor era la fracción linfática, mayor la distancia entre jóvenes y mayores. Con la absorción linfática anulada por completo, la forma oleosa se comportaba como una no oleosa.

Dicho de otro modo, la misma cifra de miligramos significa cosas distintas según el vehículo y la vía. De ahí no sale una regla única de dosificación para personas mayores. Y menos aún cuando en el comercio ni el vehículo ni el contenido declarado están garantizados: en casi la mitad de los frascos analizados en Europa la etiqueta no coincidía con el contenido.

La dispersión entre personas también se ensanchó con la edad. Una media describe a una población, no a un individuo, y el rango de valores fue sistemáticamente más amplio entre los participantes virtuales mayores.

Un mapa regulatorio que no es uno solo

Aquí está la parte incómoda para el lector hispanohablante: no existe un único marco al que referir estos números, sino tantos como países.

En Uruguay, el IRCCA regula desde 2013 todo el circuito del cannabis, y los productos de cannabis medicinal se dispensan en farmacia con registro sanitario. En Argentina, el acceso está articulado por el REPROCANN, el registro de pacientes y cultivadores autorizados, mientras que la ANMAT autoriza los productos que llegan al mercado formal. En Colombia, el INVIMA otorga los registros sanitarios de los derivados de cannabis, incluidos los preparados magistrales. En México, la COFEPRIS es la autoridad que emite las autorizaciones sanitarias para productos con cannabinoides. En Chile, el ISP registra los medicamentos cannabinoides disponibles en farmacia. Y en España, la AEMPS supervisa la entrada del cannabis medicinal por la vía de preparados estandarizados, un proceso que ha avanzado más rápido que la formación de los médicos que deben prescribirlos.

Esa dispersión tiene una consecuencia directa sobre lo que aquí se describe. En los países donde el CBD llega por farmacia con registro sanitario, el producto tiene una concentración verificada y el prescriptor puede razonar sobre una dosis real. Donde llega por canales informales o como suplemento sin control analítico, ni el paciente ni el médico saben de cuántos miligramos están hablando, y cualquier cálculo de exposición pierde su base. Los movimientos legislativos recientes en la región, como el avance colombiano hacia una regulación más amplia, afectan sobre todo a esa diferencia: no a si el cannabidiol funciona, sino a si se sabe qué contiene el frasco.

Conviene añadir algo más. El único medicamento de CBD purificado con aprobación en Europa y Estados Unidos lo está para formas raras de epilepsia, no para el dolor ni el insomnio, que son los motivos por los que la mayoría de las personas mayores compra estos productos. Nada de lo que aparece en este estudio es una indicación terapéutica.

Lo que este trabajo no demuestra

Son predicciones, no mediciones, y los autores lo dicen con todas las letras. El traslado a personas mayores nunca se verificó con datos clínicos de CBD, porque no los hay. La parte de laboratorio se hizo en condiciones limitadas y necesita repetirse en hepatocitos humanos. La distribución en los tejidos se representó mediante coeficientes de reparto, lo que describe mal los cambios ligados a la edad en una sustancia tan liposoluble. Y una exposición más alta no es un daño en sí misma: se convierte en problema solo si se traduce en más efectos adversos, entre los descritos para el cannabidiol la elevación de enzimas hepáticas, la somnolencia y la caída del cabello. Si eso ocurre o no, un modelo de cálculo no puede responderlo.

Lo que sí cambia es la suposición de partida. Una dosis caracterizada en personas de 25 años no entrega la misma exposición interna a alguien de 85, y menos con esprays y formulaciones no oleosas. Huecos de evidencia parecidos persisten en otros frentes que interesan a esta franja de edad, como lo que realmente se sabe sobre el CBD y el alzhéimer. El mismo grupo investigador publicó aparte una revisión sobre farmacocinética de cannabinoides en poblaciones especiales.

Preguntas frecuentes

¿Se acumula más el cannabidiol en las personas mayores?

En estas simulaciones, sí. La exposición total fue superior a la de los adultos jóvenes en todos los grupos de edad avanzada y para casi todas las formulaciones, con el máximo entre los 85 y los 98 años. El incremento osciló entre moderado y cerca del 80 %, según la dosis y la vía. Es un resultado de modelado, no una medición en personas.

¿Por qué se usó THC para validar un estudio sobre CBD?

Porque ningún estudio publicado ha seguido el cannabidiol en personas mayores sanas, y del THC sí existen datos en ese grupo. Ambos cannabinoides tienen propiedades fisicoquímicas similares. Los autores comprobaron primero que su modelo de THC se trasladaba bien a personas mayores y después aplicaron el mismo procedimiento al CBD.

¿Puede el CBD interferir con otros medicamentos?

El trabajo encontró una inhibición reversible moderada o débil de las cinco enzimas CYP analizadas, más marcada en la CYP2C19. Por esas enzimas pasa buena parte de los medicamentos de uso común, las personas mayores suelen tomar varios a la vez y el hígado trabaja más despacio con la edad. Cualquier combinación conviene comentarla con el médico o el farmacéutico.

¿Cuál es la situación legal del CBD en los países hispanohablantes?

Cambia según el país y según el producto. Uruguay regula el circuito completo a través del IRCCA; Argentina canaliza el acceso por el REPROCANN con autorización de productos por la ANMAT; en Colombia el registro corresponde al INVIMA; en México lo emite la COFEPRIS; en Chile el ISP registra los medicamentos cannabinoides; y en España la AEMPS supervisa la vía de los preparados estandarizados de cannabis medicinal. Un producto legal en un país puede no serlo en el vecino, y dentro de un mismo país la condición de medicamento, de preparado magistral o de producto de consumo implica requisitos distintos.

Aviso legal

Este artículo es una cobertura periodística de un trabajo científico publicado y tiene carácter exclusivamente informativo. No constituye asesoramiento médico, recomendación de tratamiento ni guía de dosificación, y no debe usarse para iniciar, interrumpir ni modificar la toma de ningún medicamento o complemento. Los resultados descritos proceden de simulaciones por ordenador, no de mediciones en pacientes. El cannabidiol puede interaccionar con medicamentos de prescripción. La situación legal de los productos con cannabinoides difiere entre países y, dentro de cada país, según la categoría del producto. Para cuestiones de salud o medicación consulte con un profesional sanitario cualificado; para cuestiones legales, con un asesor jurídico.

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