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Metales pesados en el cannabis: flores de aspecto impecable superaron 38 veces el límite de la OMS

Las plantas se veían perfectas. Ese es justamente el detalle que debería encender las alarmas del sector. Cuatro variedades de cannabis medicinal, cultivadas en condiciones parecidas a las comerciales, llegaron a cosecha con altura normal, tallos normales, biomasa normal y flores de aspecto normal. Nada delataba contaminación alguna. Después el laboratorio analizó los cogollos secos, y dos de los cuatro metales pesados evaluados aparecieron muy por encima del techo que la Organización Mundial de la Salud fija para plantas medicinales. Uno de ellos, hasta 38 veces por encima.

El trabajo proviene del grupo de Nirit Bernstein, del Instituto Volcani de Israel, junto con investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Technion y la Universidad Estatal de Colorado. Se publicó el 27 de julio de 2026 en el Journal of Cannabis Research y el texto completo puede consultarse en acceso abierto aquí. Es el primer estudio que rastrea cómo se mueven los metales pesados dentro de una planta de cannabis de tipo medicinal: adónde van a parar y qué le hacen a la química por la que se cultiva la planta en primer lugar.

Puntos clave

El equipo añadió a la solución nutritiva de cuatro variedades de cannabis medicinal una mezcla de cadmio, plomo, níquel y cobalto en concentraciones muy bajas, y luego siguió el recorrido de esos metales y lo que ocurría con los cannabinoides. Con la mayor de las dos dosis ensayadas —que aun así era moderada, bastante inferior a la empleada en experimentos previos con cáñamo industrial—, el cadmio y el níquel de las flores secas superaron el límite de la OMS para plantas medicinales en las cuatro variedades sin excepción, mientras que el plomo se mantuvo cómodamente dentro de lo permitido. Las raíces retuvieron el grueso de la carga metálica y funcionaron como filtro, pero el níquel esquivó esa barrera con más facilidad que los demás y llegó a las flores. La producción de cannabinoides cayó en tres de las cuatro variedades, y la magnitud de la caída dependió tanto de la dosis como de la genética: una variedad perdió contenido ya con la dosis baja. Y la variedad que más metal absorbió fue, paradójicamente, la única cuyo perfil de cannabinoides no se movió un milímetro, de modo que la química de la planta no avisa de nada.

Una dosis que las plantas apenas notaron

El diseño experimental es la razón por la que este trabajo importa. El equipo de Bernstein no envenenó nada. Tomó cuatro variedades medicinales comerciales —PO-10, Dov, LD y QJ— y añadió al fertilizante habitual una mezcla de cadmio, plomo, níquel y cobalto en apenas dos concentraciones: 1 y 5 micromolares de cada metal, frente a un control limpio. Cinco micromolares son trazas. Los trabajos anteriores sobre cáñamo industrial solían emplear cadmio en el rango de miligramos por litro, es decir, varios órdenes de magnitud por encima.

Con esa exposición tan baja, las plantas prácticamente se encogieron de hombros. Altura, número de entrenudos en el tallo principal, diámetro del tallo y peso seco de hojas, tallos, raíces y flores resultaron estadísticamente indistinguibles del control en las cuatro variedades. La única baja estructural fueron las hojas pequeñas que rodean las flores en dos variedades, más ligeras con la dosis alta. Hubo cierto amarilleo visible del follaje a 5 µM, y una variedad —QJ— mostró fotosíntesis reducida y membranas celulares más permeables, la huella clásica del estrés oxidativo. Pero cualquiera que recorriera los pasillos del cultivo habría visto una cosecha normal.

Y ahí está el problema. La contaminación a este nivel es invisible. En el experimento los metales venían de una solución nutritiva controlada, pero en el mundo real las vías de entrada son de lo más mundanas: el agua de riego, impurezas traza en las sales fertilizantes, las aplicaciones foliares, el equipamiento metálico de procesamiento y, sobre todo, el sustrato. Que estos contaminantes no se quedan en la planta sino que llegan a las personas es algo que la investigación ya ha mostrado por otras vías, por ejemplo al detectar restos de compuestos del humo en la orina de lactantes.

Adónde fueron los metales: las raíces acaparan, el níquel escapa

Hay que reconocer que el cannabis tiene una defensa decente. Las raíces retuvieron con diferencia las concentraciones más altas de todos los metales evaluados y las mantuvieron allí, una estrategia de secuestro que aleja los elementos tóxicos de la maquinaria sensible de la parte aérea. El gradiente general con la dosis alta fue raíces, luego tallos, luego hojas, con las flores y las hojas florales al final de la fila.

Decente, pero no hermética. Los investigadores calcularon para cada metal un factor de traslocación —cuánto de lo absorbido por la raíz llegó realmente arriba— y el orden fue inequívoco. El níquel viajó mejor que ninguno, el plomo peor que ninguno, con cadmio y cobalto en medio. El níquel fue además la excepción que rompió el patrón general: alcanzó concentraciones más altas en los órganos reproductivos que en los tallos, saltándose en la práctica una parada camino de la parte de la planta que se consume. El plomo, en cambio, quedó confinado en vacuolas radiculares y paredes celulares y apenas se movió.

Hay un matiz más. En cadmio y cobalto el factor de traslocación fue incluso menor con la dosis alta, lo que significa que el filtro radicular se cerró más a medida que aumentaba la presión. Buena noticia para la planta. No lo bastante buena para quien consume, como dejaron claro los datos de las flores.

Las flores no pasaron la prueba de la OMS, y no fue por poco

La OMS publica concentraciones máximas de metales tóxicos en medicamentos herbarios: 10 microgramos por gramo para el plomo, 1,5 para el níquel y 0,3 para el cadmio. Contra esa vara midió el equipo sus flores secas.

El plomo pasó sin dificultad. En las cuatro variedades con la dosis alta se movió entre 0,3 y 0,78 µg/g aproximadamente, holgadamente dentro del límite, tal como anticipaba su bajo factor de traslocación.

El cadmio y el níquel no pasaron. El cadmio en las inflorescencias fue de unos 6,67 a 11,5 µg/g, es decir, entre 22 y 38 veces el techo de la OMS. El níquel osciló entre 4,39 y 6,71 µg/g, tres a cuatro veces y media por encima. Las cuatro variedades fallaron en ambos metales. Y conviene recordar qué produjo esas cifras: una mezcla de trazas en el agua de riego, aplicada a plantas que no mostraron pérdida apreciable de crecimiento ni de rendimiento.

La potencia también sufre, y depende de la genética

La segunda parte del estudio preguntó qué hacen los metales con los cannabinoides. La respuesta es que interfieren, pero de forma desigual.

El cannabis fabrica primero sus cannabinoides en forma ácida —THCA, CBDA, CBCA y CBGA—, que después se convierten en los familiares THC, CBD, CBC y CBG neutros. Con la dosis alta, las cuatro formas ácidas bajaron en PO-10 y QJ. En LD solo cayó el THCA. En Dov no se movió nada. Los totales contaron una historia parecida: sin cambios en Dov, descensos generalizados en PO-10 y QJ, y pérdidas limitadas a THC y CBD en LD. QJ fue el caso atípico en otra dirección: sus cuatro cannabinoides neutros ya estaban reducidos con la dosis baja, y fue además la única variedad con mayor fuga de membrana, lo que apunta a un vínculo entre daño oxidativo y pérdida de potencia.

De ahí se siguen dos cosas. Primera, existe un umbral entre las dos dosis ensayadas, lo que significa que un programa de cultivo podría plausiblemente mantenerse por debajo. Segunda, la biosíntesis de cannabinoides es mucho más sensible al entorno mineral de la planta de lo que el sector suele reconocer, algo coherente con años de trabajo del mismo laboratorio sobre nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio.

La paradoja de Dov: química limpia, flor sucia

Llegamos al hallazgo que debería quitar el sueño a cualquier responsable de calidad. Dov, una variedad rica en CBD con un perfil de cannabinoides más cercano al cáñamo industrial que al cannabis medicinal típico, fue la única cuya producción de cannabinoides quedó completamente intacta. Y fue también, de forma consistente, una de las que más acumuló todos los metales evaluados, incluidas las flores, donde firmó el peor dato de cadmio de las cuatro: 11,5 µg/g.

Leídos juntos, ambos datos llevan a una conclusión incómoda: la química de la planta no es un testigo luminoso. Una variedad puede absorber la mayor contaminación y entregar a la vez un informe de cannabinoides impecable. Contenido de principios activos, terpenos, aspecto, rendimiento: nada de eso señala el problema. Solo lo hace un análisis elemental. Lo mismo vale para los productos derivados de la semilla, ya que la capacidad del cáñamo para acumular cadmio en sus semillas está documentada desde hace tiempo y sigue siendo pertinente para el aceite de semilla de cáñamo y sus cuestiones de calidad.

El equipo de Bernstein señala también la otra cara. La habilidad del cáñamo para absorber metales es exactamente la razón por la que se investiga para sanear suelos contaminados. Dov sería un candidato prometedor a fitorremediación, salvo por un detalle: produjo la menor biomasa de las cuatro. Habría que mejorarla primero en vigor.

Qué significa esto para América Latina y España

Para el mundo hispanohablante la relevancia es muy concreta, y tiene que ver con exportación. Colombia, con licencias y control del INVIMA, y Uruguay, bajo el paraguas del IRCCA, se han posicionado como proveedores de cannabis medicinal hacia Europa y otros mercados regulados. Ese destino exige cumplir estándares farmacéuticos que incluyen análisis de elementos tóxicos, y el estudio muestra precisamente que un lote de aspecto irreprochable puede fallar ese análisis. En Argentina, el marco de la Ley 27.350 y la Ley 27.669, con el REPROCANN y la supervisión de ANMAT, apunta en la misma dirección conforme el sector industrial se formaliza. México, con COFEPRIS, y Chile, con el ISP, avanzan más lentamente pero enfrentan la misma cuestión técnica. En España, el cáñamo industrial y el suministro de cannabis para uso medicinal quedan bajo la órbita de la AEMPS, y la exigencia analítica es la europea.

Hay además un antecedente que en la región nadie necesita que le expliquen: el cadmio en el cacao. Cuando la Unión Europea fijó límites máximos de cadmio para productos derivados del cacao, los exportadores latinoamericanos descubrieron que suelos de origen volcánico y zonas con pasivos mineros podían llevar un cultivo perfectamente sano a incumplir la norma de destino. El mecanismo que describe este estudio para el cannabis es exactamente el mismo, con el agravante de que aquí la planta ni siquiera pierde vigor mientras lo hace. Para cualquier proyecto que aspire a exportar, la caracterización del suelo y del agua de riego deja de ser un trámite y pasa a ser un requisito de acceso al mercado.

Lo que el estudio no dice

Conviene ser honesto con los límites. Fue un ensayo controlado en maceta con perlita, cinco plantas por tratamiento, cuatro variedades, un solo ciclo de cultivo y una mezcla limpia de cuatro metales administrada por riego. El suelo real es más desordenado: los metales se unen a la materia orgánica y a la arcilla, compiten entre sí por los sitios de absorción y resultan más o menos disponibles según el pH. El estudio no dice cuánto cadmio hay en el frasco que alguien compró la semana pasada, ni fue diseñado para eso. Tampoco midió terpenos ni siguió qué sobrevive a la extracción y el procesamiento.

Lo que sí establece es un mecanismo y una advertencia. En condiciones que producen un cultivo visualmente impecable, una planta de cannabis medicinal puede dar flores con decenas de veces el límite de la OMS para cadmio, y su potencia puede erosionarse en silencio al mismo tiempo, dependiendo ambas cosas de qué genética se esté cultivando. Los autores califican sus resultados de alarmantes y sostienen que deberían alimentar las guías internacionales de cultivo de cannabis. A la vista de los datos, no es una exageración.

Preguntas frecuentes

¿Debería preocuparme por el cannabis que consumo?

No a partir de este estudio por sí solo, que cultivó plantas bajo exposición deliberada a metales en lugar de muestrear el mercado. Pero la preocupación de fondo es legítima: el cadmio y el plomo se acumulan en el organismo a lo largo de los años, sobre todo en riñones y huesos, y la inhalación es una vía de absorción eficiente. La respuesta sensata no es el pánico sino el papeleo: comprar en canales regulados que publiquen un certificado de análisis completo y comprobar que el panel de metales pesados figura efectivamente en él.

¿Qué exige la regulación en los países hispanohablantes?

Depende del país y del uso. En Colombia el INVIMA regula el cannabis medicinal y sus derivados; en Uruguay el IRCCA supervisa toda la cadena; en Argentina rigen la Ley 27.350 y la Ley 27.669, con el REPROCANN para pacientes y ANMAT en el control de productos; en México interviene COFEPRIS y en Chile el ISP; en España la competencia recae en la AEMPS dentro del marco europeo. En términos generales, los productos de grado farmacéutico y los destinados a exportación a mercados regulados sí exigen análisis de elementos tóxicos, mientras que los canales de autocultivo o de clubes sociales, donde existen, no tienen esa obligación analítica. Las normas cambian con frecuencia y difieren mucho entre jurisdicciones, así que conviene verificar los requisitos vigentes ante la autoridad competente de cada país.

¿Es más segura la flor rica en CBD o de tipo cáñamo que la rica en THC?

No automáticamente, y posiblemente al revés. La variedad rica en CBD de este estudio fue la que más metales acumuló de las cuatro y no mostró ninguna alteración en su perfil de cannabinoides. El conocido apetito del cáñamo por los metales del suelo es el mismo rasgo que lo hace atractivo para la fitorremediación. Contenido de cannabinoides y riesgo de contaminación son variables independientes.

¿Se pueden eliminar los metales lavando o durante la extracción?

Enjuagar retira polvo superficial, no los metales unidos al tejido vegetal, y el curado no altera en absoluto los contaminantes elementales. La extracción es más complicada: según el disolvente y el método, los metales pueden concentrarse en el extracto o quedarse atrás, y parte del equipamiento aporta contaminación en lugar de retirarla. El punto de control fiable está aguas arriba: sustrato analizado, agua de riego verificada y composición de los fertilizantes documentada.

Aviso legal

Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y de divulgación científica. Resume un único estudio agronómico revisado por pares, realizado en condiciones experimentales controladas, y no constituye asesoramiento médico, legal ni agronómico. No contiene afirmaciones de salud sobre el cannabis, los cannabinoides ni ningún producto derivado, ni supone una recomendación o una guía para adquirir, cultivar, procesar o consumir estas plantas o sus productos. El marco legal que regula el cultivo, el análisis, la comercialización y la tenencia de cannabis difiere sustancialmente entre países y regiones y puede cambiar con el tiempo. Consulte a un profesional sanitario cualificado ante cualquier duda de salud y a las autoridades competentes de su país para cuestiones legales y de cumplimiento normativo.

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