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Cannabis y cicatrización de heridas: un remedio tradicional africano aprobó dos pruebas de laboratorio y falló la más importante

En la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal, un sanador tradicional lleva años tratando heridas que no cierran con una pasta oscura hecha de seis plantas. La mitad de la mezcla es Cannabis sativa. Los pacientes decían que mejoraban. Nadie lo había comprobado nunca. Ahora un equipo de científicos sudafricanos y zimbabuenses pasó la receta por una batería completa de pruebas de laboratorio, y el resultado es bastante más incómodo que un simple sí o no.

El trabajo se publicó el 29 de julio de 2026 en el International Journal of Molecular Sciences con el título Evaluation of the Antioxidant, Anti-Inflammatory, and Antimicrobial Activity of a Cannabis sativa-Infused African Product Used for Wound Healing. Lo dirigieron en la Universidad de KwaZulu-Natal junto con el propio sanador, el señor Shezi, quien reveló la fórmula y el método de preparación. En la publicación el preparado aparece simplemente como Product Shezi. En resumen: los datos apuntan a una actividad antioxidante y antiinflamatoria real y medible, y al mismo tiempo muestran que como antibacteriano el extracto no sirve y que, en el laboratorio, podría incluso favorecer que la infección se atrinchere en la herida.

Conclusiones clave

Product Shezi es una mezcla de seis plantas en la que el cannabis representa la mitad del peso; la otra mitad la aportan cinco plantas medicinales sudafricanas conocidas. En el laboratorio el extracto neutralizó hasta el 70% de los radicales libres y protegió por completo a las células de la piel frente al daño oxidativo. Al inhibir la prostaglandina E2 —la molécula detrás del dolor y la hinchazón de una herida— alcanzó a 10 µg/mL un nivel estadísticamente indistinguible del diclofenaco usado a una dosis cinco veces mayor. Con las bacterias el panorama se invirtió: de siete patógenos de herida solo respondieron dos, y únicamente a concentraciones que ya resultaban tóxicas para las células de la piel. Lo más llamativo fue el resultado con las biopelículas: en lugar de romper los escudos bacterianos que mantienen abiertas las heridas crónicas, el extracto los hizo crecer en todas las bacterias probadas, sin excepción. Los autores tampoco pudieron decir cuánto CBD o THC contiene el producto, porque la química se analizó solo de forma cualitativa. Y todo ocurrió en placas de plástico, no sobre piel humana.

Por qué algunas heridas simplemente no cierran

Una herida que sana bien recorre cuatro etapas que se superponen: se detiene el sangrado, aparece la inflamación, se construye tejido nuevo y finalmente se remodela. La inflamación no es una avería, es la cuadrilla de limpieza: retira restos celulares y mata lo que entró en la herida. El problema empieza cuando esa etapa no termina.

Dos procesos la mantienen encendida. El primero es el estrés oxidativo. Las células del sistema inmune liberan especies reactivas de oxígeno, entre ellas peróxido de hidrógeno, para desinfectar la zona. En exceso, esas mismas moléculas rompen membranas, dañan proteínas y disuelven el andamiaje sobre el que debería crecer el tejido nuevo. El segundo proceso son las bacterias, pero no cualquiera. Las peligrosas son las que dejan de flotar por separado y se organizan en biopelículas: comunidades densas envueltas en una matriz protectora viscosa. Dentro de una biopelícula, las bacterias toleran concentraciones de fármaco unas mil veces superiores a las que las matarían libres.

Por eso las úlceras venosas, las úlceras por presión y el pie diabético pueden permanecer abiertos durante meses o años. Y por eso el hallazgo sobre biopelículas de este estudio pesa más que todo lo demás.

Qué contiene Product Shezi

La mitad de la mezcla es Cannabis sativa. La otra mitad la reparten en partes iguales cinco especies locales: Drimia altissima, Albuca fastigiata, Bulbine latifolia, Hypoxis hemerocallidea —conocida como «papa africana»— e Hypericum aethiopicum.

Vale la pena detenerse en Bulbine latifolia: pertenece al mismo grupo de plantas suculentas que en buena parte de América Latina cumple el papel que aquí cumple la sábila o aloe vera, esa hoja carnosa que se corta y se aplica directamente sobre quemaduras y raspones. El paralelo no es casual. En todos los continentes la gente llegó a conclusiones parecidas con plantas parecidas, y eso es justamente lo que vuelve interesante mirar los números.

Las seis plantas se recolectaron en el distrito de uMgungundlovu, las identificó un botánico universitario y los ejemplares quedaron depositados en un herbario: un nivel de documentación que muchos trabajos de etnofarmacología omiten. Para el componente de cannabis los investigadores obtuvieron un permiso de la autoridad reguladora sudafricana SAHPRA, y para el estudio, la aprobación del comité de ética de su universidad.

La preparación siguió el método del propio sanador: secar las plantas al sol, molerlas, hervirlas dos horas, filtrar y secar por congelación. Para las pruebas microbiológicas añadieron una segunda versión con metanol, solo para verificar si un solvente orgánico rescataba compuestos que el agua hirviendo deja atrás. El análisis confirmó flavonoides, saponinas, taninos, glucósidos, terpenoides, esteroides y alcaloides.

Que el cannabis aporte algo es plausible: la piel humana está densamente poblada de receptores cannabinoides, y la investigación sobre cannabinoides en dermatología creció mucho en los últimos años. Pero las otras cinco plantas tienen su propio historial antioxidante y antiinflamatorio. Cuánto corresponde al cannabis, este estudio no lo aclara.

Lo que sí funcionó

Aquí el extracto entregó cifras sólidas.

En la prueba estándar con DPPH neutralizó hasta el 70% de los radicales libres. El ácido ascórbico, usado como referencia, llegó al 94%. Es decir, el extracto queda por debajo de un antioxidante puro, pero un 70% partiendo de un cocimiento de plantas sigue siendo un número respetable.

El ensayo con células resultó más convincente. Los investigadores intoxicaron a propósito con peróxido de hidrógeno a los fibroblastos —las células que reconstruyen la piel dañada— y midieron cuántas sobrevivían. Product Shezi las protegió de forma significativa, tanto aplicado junto con el peróxido como veinticuatro horas antes. Por encima de 3 µg/mL en el esquema de pretratamiento la protección fue completa. Que el pretratamiento funcionara igual de bien sugiere que el extracto no solo apaga radicales al contacto, sino que de algún modo prepara a la célula para resistir el golpe.

Inflamación: un camino sí, el otro no

La inflamación circula por varios canales moleculares independientes, y el extracto solo atendió uno.

El óxido nítrico, una de las señales inflamatorias centrales, quedó prácticamente intacto. El ibuprofeno lo bajó de forma significativa a las veinticuatro horas; Product Shezi no lo movió en ninguna concentración ni en ningún momento.

Con la prostaglandina E2 la historia cambió. Es la responsable de buena parte del dolor y la hinchazón alrededor de una lesión, y a las veinticuatro horas todas las concentraciones probadas la redujeron significativamente frente a las células inflamadas de control. A las doce horas no pasó nada, lo que apunta a un mecanismo más lento que el de un fármaco convencional.

La tercera prueba fue la más vistosa. Como la proteína dañada por calor es un sello del tejido inflamado, se midió qué tan bien el extracto impedía que la albúmina se desnaturalizara. A 10 µg/mL, Product Shezi frenó ese proceso un 66%. El diclofenaco alcanzó el 70%, pero a 50 µg/mL, cinco veces la dosis. Estadísticamente no había diferencia entre ambos. Es un modelo de laboratorio y no un resultado clínico, pero como señal de potencia es fuerte, y encaja con la literatura creciente sobre cannabinoides e inflamación posterior a una lesión, incluidos los estudios sobre CBD y dolor en la herida quirúrgica.

Donde se rompe: los números antibacterianos no cuadran

A la parte microbiológica entraron siete bacterias que colonizan heridas. Cinco quedaron impasibles: E. coli, dos variantes de Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Bacillus subtilis no mostraron inhibición medible a ninguna concentración.

Respondieron dos estafilococos. El extracto acuoso detuvo a Staphylococcus aureus apenas a 5.000 µg/mL y a Staphylococcus epidermidis a 625 µg/mL. La doxiciclina controló las siete bacterias del panel entre 2 y 16 µg/mL. Es decir, el preparado tradicional necesitó entre 40 y 2.500 veces más material para lograr menos.

Lo decisivo, sin embargo, es el índice de selectividad: una razón simple entre la concentración que daña tus propias células y la que frena a la bacteria. Un valor por debajo de 1 significa que el remedio te golpea antes que a la infección, y en la búsqueda de fármacos suele exigirse un valor de 10 o más para que valga la pena seguir. Todas las combinaciones de extracto y patógeno en este estudio quedaron entre 0,005 y 0,05 aproximadamente. Ninguna llegó a 1. En términos llanos: cualquier concentración capaz de frenar a estas bacterias ya estaba dañando células de la piel y del sistema inmune. No existe una ventana segura.

El resultado que nadie esperaba

Y después llegaron los datos que reordenan todo lo anterior.

Las biopelículas son la razón por la que una herida crónica sigue siendo crónica. Por eso se probó tanto si Product Shezi impedía que se formaran como si disolvía las ya establecidas. No hizo ninguna de las dos cosas. En las siete especies y en los dos esquemas experimentales, la masa de biopelícula aumentó respecto a los controles sin tratar. Los antibióticos de comparación la reducían. El extracto la agrandaba.

La explicación que ofrecen los autores es verosímil y conocida en el estudio de extractos vegetales: la biopelícula es una respuesta de las bacterias al estrés. Un agente que las irrita sin matarlas puede activar justamente ese reflejo defensivo, y en preparados ricos en compuestos fenólicos ya se ha documentado. Existe otra posibilidad: que algunos metabolitos de la mezcla simplemente ofrezcan a las bacterias una superficie más cómoda donde asentarse.

La consecuencia práctica es incómoda. Un preparado que calma la inflamación y a la vez alimenta la biopelícula podría lograr que una herida se vea y se sienta mejor mientras cicatriza peor. Los propios autores concluyen que Product Shezi solo tendría sentido como complemento de un antibiótico, nunca como tratamiento independiente. Con estos datos, eso no es una fórmula diplomática: es la única lectura defendible.

Por qué esto importa en mercados donde ya se venden cosméticos con cannabis

Aquí conviene detenerse, porque este punto distingue a la región hispanohablante de casi cualquier otra.

En varios países de América Latina los productos tópicos con derivados de cannabis no son una hipótesis futura: ya están en los estantes. Colombia construyó una industria de cannabis medicinal con marco propio, y el Invima registra cosméticos que incorporan derivados de la planta. En Argentina, la ANMAT interviene en el registro de productos, y en el resto de la región hay cremas, aceites y ungüentos con cannabidiol circulando por farmacias, tiendas naturistas y comercio electrónico.

Eso hace que la pregunta de este estudio deje de ser académica. Un cosmético puede hidratar, cuidar y perfumar; en cuanto se afirma que trata una herida, deja de ser cosmético y pasa a ser un producto sanitario o un medicamento, con los requisitos de registro y evidencia que eso implica. La frontera no la define el marketing, la define la afirmación. Y lo que muestra esta investigación es precisamente el tipo de dato que separa una cosa de la otra: un extracto puede tener actividad antiinflamatoria comparable a un fármaco y, al mismo tiempo, un efecto sobre las bacterias que va en dirección contraria a lo que una herida necesita.

Hay un segundo motivo por el que la región tiene interés propio en este trabajo. América Latina no solo usa plantas medicinales, sino que en varios países reconoce formalmente la medicina tradicional e intercultural dentro del sistema de salud, y la Organización Panamericana de la Salud lleva años impulsando esa integración. Esa integración necesita datos, y datos de este tipo: no un aval general a lo tradicional ni un descarte general, sino resultados que digan qué parte de un remedio funciona, qué parte no y qué parte podría hacer daño. El aporte de este equipo sudafricano es exactamente ese método.

Conviene aclarar el límite: aquí se estudió una mezcla sudafricana concreta de seis plantas. No se estudió la sábila, ni el matico, ni la caléndula, ni la árnica, y este trabajo no permite concluir nada sobre ellas. Lo que sí deja claro es por qué una herida que dejó de cicatrizar es asunto de un profesional de salud y no del botiquín: la sensación de mejoría y la mejoría real pueden separarse, y la biopelícula es justo el caso en que se separan en silencio.

El dato que falta

La publicación no responde algo elemental: cuánta química de cannabis hay realmente en Product Shezi.

El análisis fitoquímico fue puramente cualitativo, una serie de reacciones de color que confirman la presencia de ciertas familias de compuestos sin medir cantidad alguna. Contenido de CBD, contenido de THC, perfil de terpenos, proporciones entre cannabinoides: nada de eso se cuantificó. Los autores lo incluyen entre sus limitaciones y piden cromatografía y espectrometría de masas para los próximos trabajos. Pero el hueco sigue siendo grande: la mitad de esta fórmula es cannabis y nadie sabe qué hay en esa mitad.

Importa para la reproducibilidad y también para la seguridad. El material vegetal varía enormemente según la cosecha, el suelo y el método de preparación, y por eso los problemas de calidad como la contaminación del cannabis con metales pesados aparecen incluso en mercados regulados. Sin análisis cuantitativo, un lote de esta mezcla no es necesariamente el mismo producto que el siguiente.

Qué diría cada regulador de la región

El panorama normativo hispanohablante es un mosaico, y un producto así correría suertes muy distintas según el país.

Uruguay fue el primero en regular integralmente el cannabis y cuenta con el IRCCA como autoridad de control, con un canal separado para el uso medicinal. Argentina desarrolló un marco de cannabis medicinal con el REPROCANN para el cultivo autorizado y la ANMAT para los productos. Colombia apostó por una industria exportadora bajo supervisión del Invima. En México, la Cofepris quedó a cargo de la regulación sanitaria del cannabis medicinal tras las reformas a la Ley General de Salud, con una implementación lenta y discutida. En Chile, el ISP registra y controla los medicamentos derivados de la planta, con acceso acotado a la vía de prescripción. España avanzó más tarde y de forma más restrictiva hacia un marco de cannabis medicinal a través de la AEMPS.

Lo que ninguno de estos marcos permite es afirmar que un preparado cicatriza heridas sobre la base de ensayos en células. Un producto destinado a tratar una herida no es cosmético en ninguna de estas jurisdicciones, y las afirmaciones terapéuticas exigen registro sanitario y evidencia acorde. Las normas cambian con frecuencia y la información vinculante es la que publica la autoridad de cada país.

Qué demuestra el estudio y qué no

Es fácil leer este trabajo como una reivindicación de la medicina tradicional o como su desmentido. Ninguna de las dos lecturas es correcta.

Queda demostrado que un remedio usado durante años en pacientes reales tiene actividad biológica medible: los efectos antioxidante y antiinflamatorio no son folclore, y el resultado sobre la desnaturalización de proteínas resiste la comparación con un fármaco. Queda demostrado también que su reputación como antimicrobiano no sobrevive al escrutinio, y que la fórmula carga con un riesgo específico que antes era invisible: la promoción de biopelículas.

Todo esto se obtuvo con células y bacterias en placas de plástico. No hubo ninguna herida real. Los resultados in vitro fallan al trasladarse con enorme frecuencia: una sustancia que protege fibroblastos en una placa puede no alcanzar nunca la capa correcta de la piel a la concentración correcta en una persona, y un efecto sobre biopelículas observado en un pocillo puede comportarse de otro modo en el ambiente desordenado de una úlcera. Los autores dicen explícitamente que hacen falta estudios en animales y modelos de heridas in vivo.

Lo que este trabajo sudafricano añade al campo es un método: tomar en serio la preparación del sanador, documentar las plantas con rigor y publicar los fracasos junto con los aciertos. El resultado sobre biopelículas es el dato menos favorable de toda la publicación. Publicarlo fue lo más valioso que hicieron sus autores.

Preguntas frecuentes

¿Significa esto que el cannabis ayuda a cicatrizar heridas?

El estudio respalda un mecanismo parcial, no una conclusión general. El extracto con cannabis protegió en el laboratorio a las células que reconstruyen la piel frente al daño oxidativo y redujo prostaglandinas inflamatorias, y ambas cosas son relevantes para la cicatrización. Pero el cannabis era solo la mitad de la fórmula, su aporte propio nunca se aisló y no hubo ninguna herida involucrada. No existen estudios sobre el efecto directo de este preparado en la cicatrización de animales o personas.

¿Qué mostraron los datos sobre aplicar esta mezcla en una herida abierta?

Los datos apuntan en contra. El extracto resultó tóxico para células de la piel y del sistema inmune a concentraciones iguales o menores que las necesarias para frenar bacterias, y aumentó el crecimiento de biopelícula en todos los patógenos probados. Las biopelículas son la causa principal de que una herida se vuelva crónica. Una herida abierta, y sobre todo una que no cierra como debería, requiere valoración profesional.

¿Por qué el resultado sobre biopelículas pesa más que las buenas cifras antiinflamatorias?

Porque en una herida real ambos efectos trabajan en sentidos opuestos. Menos inflamación significa menos dolor e hinchazón, y eso se percibe como mejoría. Mientras tanto, una biopelícula que crece protege a las bacterias del sistema inmune y de los antibióticos a la vez, que es el mecanismo por el cual una herida en proceso de cierre se convierte en crónica. Un preparado que produce las dos cosas al mismo tiempo podría enmascarar un deterioro en lugar de detenerlo.

¿Podría venderse legalmente un producto así como cicatrizante en América Latina o España?

En su forma actual, no. Un producto destinado a tratar heridas no encaja en la categoría de cosmético en ninguna de estas jurisdicciones: requiere registro como producto sanitario o como medicamento, con la evidencia correspondiente, ante la autoridad de cada país —Invima en Colombia, ANMAT en Argentina, Cofepris en México, ISP en Chile, el MSP y el IRCCA en el caso uruguayo, la AEMPS en España—. Además, un extracto caracterizado solo de forma cualitativa no cumple con los requisitos de calidad y estandarización que exige cualquiera de esas vías. Las normas se modifican con frecuencia y la única información vinculante es la del regulador correspondiente.

Aviso legal: este artículo tiene fines exclusivamente informativos y de divulgación científica. No constituye asesoramiento médico, legal ni farmacéutico, y no contiene afirmaciones terapéuticas. Describe una única publicación científica revisada por pares con resultados de laboratorio en cultivos celulares; ese tipo de datos no permite extraer conclusiones sobre efectos en personas y no acredita eficacia ni seguridad. Nada de lo aquí expuesto sirve para tratar por cuenta propia heridas, infecciones ni cualquier otra afección. Quien tenga una herida que no cierra, signos de infección o una herida asociada a diabetes o a trastornos circulatorios debe consultar a un profesional de la salud. The Cannex no recomienda ningún producto ni preparado, y la regulación del cannabis difiere sustancialmente entre países y regiones.

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